1. Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... del agua contra los botes, risas de otros turistas a lo lejos. Carlota se sienta a horcajadas en la silla al lado de Miguel, aprovechando un rincón algo discreto, y juguetea con su pelo mientras charlan. Los ojos de Carlota brillan; se la nota contenta, enamorada.
    
    —Gracias por venir, Miguel —dice de pronto, apoyando su barbilla en el hombro de él—. Sé que te ponía nervioso esto de mis padres, pero significa mucho para mí.
    
    Miguel sonríe y gira la cara para rozar su nariz con la de ella. —No podía decirte que no… —murmura—. Además, lo estoy pasando genial. Tus padres molan, Portofino es increíble… y estoy contigo. No necesito más.
    
    Carlota suspira feliz y lo besa. Es un beso lento y profundo, cargado de cariño y también con una pizca de deseo. Allí, bajo el sol italiano, rodeados de gente pero en su propio mundo, vuelven a sentir esa tensión eléctrica entre ellos. En cuanto sus lenguas se rozan, Miguel nota un cosquilleo bajarle por la espina dorsal hasta alojarse en su entrepierna. Dios, la desea.
    
    Cuando se separan, Carlota apoya su frente en la de él, sonriendo con los ojos cerrados. —Tengo unas ganas de llevarte a un sitio apartado y montarme encima de ti… —susurra traviesa, para que solo él la oiga.
    
    Miguel traga saliva, notando inmediatamente la reacción en sus pantalones. —No me digas esas cosas, rubia, que me enciendes… —responde en tono de broma, aunque es verdad.
    
    Carlota muerde su labio inferior con fingida inocencia. —Es que aún estoy caliente desde ...
    ... ayer en el aeropuerto —admite en un susurro ronco que le enciende las mejillas—. Te dejé a medias, ya lo sé… Y luego por la noche me dormí pensando en lo que te habría hecho si hubiéramos podido dormir juntos…
    
    Miguel cierra los ojos un instante, controlándose para no gemir. Una imagen de anoche, de su mano pajeándose furiosa, le cruza la mente. Si al menos Carlota supiera que él se “desahogó” solo… Pero no, eso jamás se lo contaría.
    
    —Créeme, yo también lo pensé… —contesta apretando suavemente el muslo de Carlota por debajo de la mesa—. Anoche me costó dormirme de lo cachondo que estaba.
    
    Carlota reprime una risita y desliza su mano por la pierna de Miguel bajo el mantel, buscando su paquete. Le palpa la dureza creciente disimulada en la pernera de las bermudas. —Y por lo que siento aquí, sigues cachondo, ¿no?
    
    Miguel inspira hondo. —Siempre que estoy contigo, sí… —Mira alrededor, preocupado de que alguien vea la traviesa mano de su novia acariciándole el muslo—. Cariño, para, o vamos a montar un espectáculo gratis.
    
    Carlota le roba otro beso rápido en los labios y retira la mano antes de que Miguel tenga que detenerla. —Perdón, es que no puedo esperar a esta noche… —Sus ojos centellan de picardía.
    
    Miguel asiente con cara de circunstancias. Él tampoco puede. Necesitan desfogarse, y de alguna manera, esta noche lo harán posible aunque toque hacerlo a escondidas.
    
    Después de comer, toman helado mientras pasean. Miguel elige stracciatella, Carlota limón; se van ...
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