1. Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... Miguel no quiere que termine todavía.
    
    Pasa la mirada de Carlota a Paolo. El chófer parece avergonzado y expectante, preparado por si Miguel se lanza a pegarle. Pero Miguel no muestra los puños; en cambio, lleva sus manos a la hebilla de su cinturón y empieza a desabrocharse los pantalones con decisión.
    
    Los ojos de Carlota se abren como platos. —¿Qué haces…? —alcanza a preguntar en un jadeo.
    
    Miguel baja la cremallera y libera su polla dura, que salta rígida al aire. Está empalmado como un demonio; el shock y los celos se han transmutado en una excitación retorcida que hace latir su miembro con necesidad.
    
    —Sigue follándola —le ordena Miguel a Paolo en voz baja pero firme, casi temblando.
    
    Paolo traga saliva, sin creérselo del todo. —¿Seguro, hombre…?
    
    —Que sigas, he dicho —repite Miguel. Su mandíbula está apretada; sus ojos, clavados en la unión de Paolo y Carlota. Ve cómo la polla del italiano está a medio salir de su novia; es bastante grande, más corta que la de Miguel pero muy gruesa. La visión le enfurece y excita a la vez.
    
    Paolo, todavía desconcertado, finalmente vuelve a sostener bien a Carlota por la cintura. Empuja sus caderas hacia delante de nuevo, enterrándose otra vez en ella. Carlota suelta un gemido ahogado al sentirlo de nuevo profundo. Miguel observa la cara de su novia: tiene las mejillas húmedas, ¿ha llorado? Quizá por la adrenalina y la tensión de ser descubierta. Sus ojos se clavan en los de Miguel con una mezcla de culpa y ...
    ... lujuria.
    
    —No pares de mirarme —le dice Miguel a Carlota con voz ronca. Mientras, empieza a masturbarse lentamente frente a ellos, a solo un par de pasos. Su mano se desliza por su propia verga con furia contenida.
    
    Carlota asiente casi imperceptiblemente. Paolo continúa follándola, ahora con renovada fiereza, como si la presencia de Miguel lo hubiese espoleado también. Agarra a Carlota de los brazos, inmovilizándola para embestirla más duro. El sofá chirría contra la pared con cada arremetida. Ella gime y gime, y esta vez a Miguel no le importa si la oyen: no hay nadie más en la casa cerca, que gima todo lo que quiera.
    
    —¿Te gusta, eh? —masculla Miguel entre dientes, pajeándose con la mirada fija en su novia—. Te gusta que te folle otro… delante de mí.
    
    Carlota gimotea, intentando responder. —Yo… ah… perdón… —balbucea, cerrando los ojos un instante de puro placer. Paolo la embiste aún más fuerte al escuchar a Miguel hablar así.
    
    —No digas perdón —espeta Miguel, avanzando un poco más hacia ellos—. Dime cuánto te gusta.
    
    Carlota abre los ojos de nuevo para cumplir la orden de Miguel de mirarlo. Sus pupilas están dilatadas, perdidas de excitación. —Me… me gusta… muchísimo… —logra susurrar—. No sabes cuánto…
    
    Miguel gruñe satisfecho, acelerando su paja. Tiene la polla a reventar, venosa, su glande rojo goteando precum. Se acerca justo detrás de Paolo, a un lado para ver bien cómo entra y sale de Carlota. Ve la polla gruesa y morena del chófer embadurnada de los jugos de su ...
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