1. Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... también. Paolo se atreve a despedirse:
    
    —Buen viaje… Y lo siento mucho… —musita, evidentemente avergonzado y arrepentido ahora que la excitación pasó.
    
    Miguel lo mira fijamente unos segundos. Podría soltarle una hostia ahí mismo, pero extrañamente ya no siente ira hacia él. Al fin y al cabo, él también disfrutó viéndolo. Así que simplemente asiente una vez y le da la mano. —Gracias… —dice en general, quizá tanto por el viaje como por… todo lo demás. Paolo baja la mirada, asiente con alivio, y se monta de nuevo para irse.
    
    Una vez dentro de la terminal, pasando el control de seguridad, Carlota comienza a sollozar en silencio. La tristeza y la culpa la golpean con la misma fuerza con la que la folló Paolo. Están en la fila de embarque cuando Miguel, que no había dicho ni una palabra en todo el rato, por fin la abraza de lado, acercándola contra su pecho.
    
    —Ey… basta ya —le dice en tono suave, besándole el pelo—. No llores, por favor.
    
    —Miguel… soy una mierda… —gimotea ella, escondiendo la cara en su pecho.
    
    —Shhh… —él la mece un poco—. No, no lo eres. Eres una… —busca las palabras— una loquita cachonda, eso sí.
    
    Carlota alza la mirada, sorprendida por el tono casi jovial de Miguel. —¿No estás enfadado…? —susurra con miedo.
    
    Miguel frunce los labios. —A ver… contento no estoy, Carlota. —Suspira, limpiándole con el pulgar un rastro de rímel corrido bajo el ojo—. Pero… digamos que lo de hoy queda entre nosotros. —Resalta esas dos últimas palabras, recordando la ...
    ... fantasía que tuvo con Verónica donde esa frase surgía. La vida real la ha superado en giros inesperados.
    
    Carlota asiente débilmente. —De verdad que… no sé qué me pasó. Yo… vi a Paolo ahí abajo y…
    
    Miguel pone un dedo en los labios de ella, silenciándola. —Hablaremos luego, ¿vale? Ahora mismo ni yo entiendo qué nos ha pasado por la cabeza.
    
    Ella asiente. Se abrazan en medio de la cola, algunos guiris italianos mirándolos un poco extrañados. Miguel siente que, a pesar de todo, no puede soltarla. La ama, joder. Y sí, está dolido, pero también excitado, y sobre todo confundido. Mejor dejar las explicaciones para cuando estén en casa.
    
    Ya en el avión, se sientan juntos. Carlota permanece en silencio casi todo el rato, con la cabeza apoyada en el hombro de Miguel, como una niña regañada. Miguel, por su parte, juega con los dedos de ella, entrelazándolos, y se queda mirando por la ventanilla las nubes, intentando poner en orden su mente.
    
    A mitad del vuelo, Carlota susurra: —Perdóname, por favor.
    
    Miguel suspira y la mira a los ojos. Están rojitos de llorar. Son esos mismos ojos verdes de Verónica, pero tan distintos a la vez. Él esboza una sonrisita cansada.
    
    —Te perdono… —dice al fin—. Pero esto me lo cobro.
    
    Carlota parpadea, sin comprender. —¿Qué… qué quieres decir?
    
    Miguel la aprieta de la mano, con una ceja arqueada. —Que ya encontraré yo cómo poner las cosas a mano. —Hace una pequeña pausa deliberada—. Digamos que me debes una, Carlota.
    
    Ella traga saliva y ...
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