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El círculo. Cap.40 Final
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... ya no grita. Él bajó la cabeza. —¿Y tu mamá? —Isabella está… cambiando. Está fundando una asociación. Para mujeres en situación de adicciones. En nombre de Xime. Y de todas. —¿Tú crees que esto… —dudó él—, lo que pasó con nosotros, lo que hicimos, lo que dijimos… Tenía que suceder asi? Valeria tardó. Mucho. —No sé. Tal vez sí. Tal vez no. Pero sirvió. —¿Para qué? —Para llegar aquí, para terminar con el círculo —dijo ella—. A este momento. Se miraron. No como adversarios. Ni como aliados. Como dos sobrevivientes. Ella se acercó. Lo besó en la mejilla. Fue un gesto lento, profundo. Sin teatralidad. —Te amo, pa. Damián cerró los ojos. Respondió sin titubeos. —Y yo te amo, Val. Ella se alejó. Con la mano sobre el vientre. Sin mirar atrás. Y en ese instante, en el pasillo vacío del palacio, con el eco de pasos lejanos y el sol bajando tras los vitrales… Damián Ortega sonrió. Muy poco. Pero suficiente. __ Penthouse en Reforma. Un año y tres meses después de su toma de protesta. La ciudad brillaba abajo como una promesa incumplida. Desde el piso 43, los faros y anuncios parecían luciérnagas entrenadas para obedecer. Damián estaba solo, frente al ventanal. La camisa desabotonada hasta la mitad, el saco colgado en el respaldo de una silla. La copa de coñac intacta en la mesa de cristal. Acababa de firmar el convenio con una firma suiza-israelí: Un sistema de vigilancia inteligente, con algoritmos predictivos y ...
... reconocimiento facial en tiempo real. "El más avanzado del mundo", decían los voceros. "El más invasivo", decían los críticos. Él solo pensaba en que no había tenido con quién brindar. Entonces, sin aviso, sin timbre, sin sombra… la puerta del elevador privado se abrió. Y apareció ella. Abril. Vestido negro de seda, largo, ceñido como un suspiro. Su silueta intacta, como un reloj de arena, con el escote llamativo como siempre. Sin abrigo, sin anillo. El cabello recogido con descuido. Un solo arete. No sonrió. Tampoco él. Se quedaron viéndose como si los meses no hubieran pasado, como si los silencios, las traiciones implícitas, los mensajes no enviados fueran parte del decorado. —Felicidades —dijo ella, al fin. La voz le salió más suave de lo que esperaba. Pero no tembló. Damián se giró por completo. Tomó la copa. No bebió. —No fue gratis. Ella avanzó hasta el centro de la sala. Sacó una caja de piel negra, elegante. La dejó sobre la mesa baja. No la abrió. —Ahí están las pruebas que pude haber usado para destruir a Serrano. Las retuve durante toda tu campaña. Para que no digas que te ayudé. Damián la miró. Algo en su mirada era más grave que el rencor. Era conciencia. —¿Por qué no lo hiciste? Ella dudó apenas. Luego habló con esa voz suya, política pero humana, que siempre lo desarmó. —Porque a veces… ganar no es lo mismo que vencer. Silencio. Él dejó la copa sobre la mesa. Se acercó. Y la abrazó. Abril se dejó ir. Se hundió en su ...