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El círculo. Cap.40 Final
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... perfectamente orquestado. Damián estaba en el centro. Ya en funciones como Jefe de Gobierno. Traje azul, camisa negra, sin corbata. Sereno. Ni victorioso ni conciliador. Solo… inevitable. A su derecha, Maya. Con el cabello recogido alto, vestido color mostaza que dejaba los hombros al aire. Tenía una tablet sobre las piernas cruzadas, pero no tomaba notas. Miraba. Observaba como quien graba con la memoria. Frente a él, los alcaldes. Algunos oficiales, sonrientes, dispuestos. Otros —la oposición— prudentes, atentos, inquietos. Y entre ellos, Valeria. Vestía un conjunto beige, elegante, su vientre prominente. Una sonrisa leve en los labios, pero los ojos… Los ojos eran otra historia. Damián alzó la voz sin necesidad de elevarla. —Gracias por venir. Hoy no se trata de colores ni de partidos. Se trata de gobernar. Y la ciudad… no se gobierna desde un escritorio ni desde un hashtag. Se gobierna escuchando, cediendo, pactando. Coordinando. Pausa. —Y quiero dejar esto claro desde el principio: si ustedes lo hacen bien, yo gano. Si ustedes fallan, no pierden ustedes. Pierde la gente. Así que… haré todo lo posible para que les vaya bien. Miradas. Algunos asintieron con gratitud. Otros con recelo. Uno —el de Xochimilco— murmuró algo en voz baja. Maya lo escuchó. No reaccionó. Pero su dedo pulsó algo en la tablet. Damián giró apenas el rostro, encontró a Valeria con la mirada. —Aquí hay gente que no piensa como yo. Y me alegra. La democracia no es un club. ...
... Es una mesa. Y todos estamos sentados. Valeria no aplaudió. Tampoco desvió la mirada. Maya sí sonrió. Un destello corto. De saber ganadora. ___ La reunión duró 53 minutos. Hubo intervenciones. Algunas tensas, otras teatrales. Damián no respondió a todas. Delegó. Tomó nota solo una vez. Y al final, se puso de pie. Y dijo simplemente: —Gracias por venir. Empezamos. Después, ya sin público ni cámaras, en un pasillo de mármol frente a los arcos del claustro, Valeria y Damián caminaron solos. Él le ofreció una botella de agua. Ella la tomó, pero no la abrió. —¿Cómo está Helena? —preguntó ella, sin rodeos. Damián suspiró. —Cansada. La bebé no nos deja dormir. Llora como si fuera una alarma sísmica. Valeria rió. Y su risa fue algo más que una reacción. Fue una grieta. —Así son. O eso dicen. —se acarició el vientre—. El mío todavía no nace y ya no me deja dormir. Le gusta patear a las tres de la mañana. Yo creo que va a ser fiscal. —O magistrado —replicó Damián—. Ya vendrá a investigarme. —Pues ojalá lo haga bien —sonrió—. Porque vas a dejar huellas por todas partes. Él no respondió. Solo la miró. Con algo que podría haber sido ternura. O resignación. Hubo un momento de silencio. Y luego, sin preámbulo, él preguntó: —¿La has visto? Valeria no fingió no entender. Bajó la vista. Jugó con la tapa de la botella. —Ximena está en todas partes. —Yo también la veo —dijo Damián. —A veces me habla en sueños —susurró Valeria—. Pero ...