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El círculo. Cap.40 Final
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... —preguntó. Ella no se movió. Solo entornó los ojos. La sonrisa que brotó no era de placer, sino de control. —Yo me gané a Abril. El silencio que siguió fue más elocuente que una proclama. Ella no dijo “será candidata”. No dijo “la estoy preparando”. No dijo nada. Pero Damián entendió. —Ambicioso. —dijo él. —Necesario —respondió ella. Damián caminó hasta la ventana. La ciudad al fondo estaba dormida, pero temblaba en las luces de las avenidas. —Altamirano ya se mueve —dijo él, sin voltear. Regina no reaccionó de inmediato. Y luego, con una calma que partía en dos: —Que se mueva. Abril también sabe morder. Damián sonrió, apenas. Un gesto breve, seco. Ya estaba pensando en la siguiente guerra. La transición no se declaraba. Se tejía. Y esa noche ya se estaban pasando las agujas. Regina se acercó. Le tocó el brazo. —No te equivoques, Damián. Lo tuyo es la ciudad. No el país. Él la miró a los ojos. —Eso no lo decido yo. Lo decide el momento. Ella se alejó. Ya no eran aliados. Ni enemigos. Eran relevos. Eran piezas del mismo cuerpo. Cada uno con su virus adentro. __ Cuando salió por la puerta lateral de Palacio, el frío lo recibió como una caricia. Maya lo esperaba en el umbral de piedra. Llevaba un abrigo beige, entallado. Se lo sujetaba con los brazos cruzados justo debajo de su busto. El vestido le llegaba apenas a los muslos. El cuello del abrigo alto. La mirada, directa. —Ya todo está asegurado —dijo ella. —Lo sé ...
... —contestó él. La miró como quien inspecciona una obra terminada. No había ternura. Había hambre. Y algo más raro: fascinación. Dio un paso. Otro. Ella no se movió. Damián se inclinó. La tomó del mentón. La olió. Y sin decir palabra, le mordió el cuello. Apenas. Un gesto. Pero cargado de electricidad. Una firma sobre la piel. Ella cerró los ojos. No se estremeció. Se entregó. Cuando se separó, él le habló al oído. Bajo. —Ganamos todo—. Su voz resonó rasposa en su oído—. Prepárate ese culito, nena. Porque vas a ser secretaria de Gobierno. Ella abrió los ojos. Sonrió. Sus labios no dijeron nada. Pero los ojos brillaron como joyas robadas. Damián se dio la vuelta sin mirar atrás. Subió a su coche. Maya se quedó ahí. En la escalinata de piedra. El viento helado le levantaba el ruedo del abrigo. No le importó. Ya no era su asistente. Ya era otra cosa. Secretaria. Amante. Testigo. Dueña de un fragmento del monstruo. El auto arrancó. Y Maya se quedó sola, bajo las lámparas de Palacio, como una estatua de poder recién fundida. __ Palacio del Ayuntamiento. Dos meses después Salón de Cabildos La madera vieja del salón crujía con la respiración de todos. Las paredes, cubiertas de retratos coloniales y escudos dorados, hacían eco del pasado, pero también lo desafiaban. Era mediodía. Una luz suave se colaba por los vitrales, bañando la gran mesa rectangular donde los alcaldes electos tomaban asiento. No era una escena protocolaria. Era un campo de tensión ...