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El círculo. Cap.40 Final
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... suave—. El primer corte es solo eso: un corte. No marca el final. Ni siquiera el comienzo. Todavía hay noche por delante. Algunos rieron. Otros escribieron. Pero nadie aplaudió. Porque la risa de Serrano no tenía gracia. Tenía filo. __ Valeria se había apartado antes de que él hablara. Nadie lo notó. O nadie quiso notarlo. Subió por la escalera de emergencia, apoyándose en el barandal metálico. Cada escalón retumbaba en sus piernas. El zumbido de las pantallas aún vibraba en sus costillas. Entró a un baño sin luz natural. Cerró el cerrojo con dedos temblorosos. Se apoyó en el lavabo. La náusea llegó sin avisar. Seca al principio. Después, un vómito ácido, violento, que le desgarró la garganta. La mezcla de café, ansiedad y asco salpicó la porcelana. Se enjuagó la boca. Tardó en levantar la vista. Cuando por fin lo hizo, el espejo le devolvió algo que no reconoció de inmediato: Su rostro. Pálido. Bellísimo. Destrozado. Tocó su vientre. No con dulzura. Con urgencia. Como si necesitara confirmar que seguía ahí. La vida. Ese testigo silencioso que no pidió estar en esa guerra. Murmuró, apenas: —Ya casi. Era para ella. No para el bebé. No para Serrano. Para la idea de sí misma que todavía no había muerto. Se retocó el labial con pulso tembloroso. El color no combinaba con la derrota. Pero tampoco con la sumisión. Antes de salir, respiró hondo. No para calmarse. Sino para que no olieran el miedo. Porque lo único más venenoso que ...
... perder… es perder embarazada y sola. Abajo, Serrano seguía hablando. Las cámaras seguían grabando. Y el número en la pantalla seguía sin moverse. 41.2% — 39.4% Pero lo verdaderamente importante aún no estaba escrito. Estaba incubándose. Dentro de Valeria. Dentro de la noche. __ Palacio Nacional Lunes, 2:41 a.m. La sala de los Presidentes estaba en penumbra. Sólo dos lámparas encendidas. El mármol parecía sudar historia. Los retratos, desde las paredes, observaban sin pestañear. Damián entró sin escoltas. Traía un saco negro, sin corbata, y el rostro más sereno que nunca. El poder no lo había transformado. Lo había revelado. Regina ya lo esperaba. Vestía de blanco. Sin maquillaje. El cabello recogido como en sus viejos tiempos de senadora. Tenía una carpeta azul en la mano. Y en los ojos, algo parecido a un cansancio sagrado. —Felicitaciones —dijo. Su voz fue un cristal cayendo en cámara lenta. Damián no respondió. La miró. La estudió. Ella extendió la carpeta. Él la abrió. Adentro, la cifra escrita a mano por la consejera de confianza del INE: ORTEGA — 47.2% SERRANO — 37.1% Diez puntos. Una masacre democrática. Regina esperó a que él levantara la vista. Lo hizo sin apuro. —Te ganaste la ciudad —dijo. Y entonces bajó la voz, como si le hablara a un hijo muerto—. Pero perdiste a todos. Damián no negó. Solo asintió, como si le hubieran dicho algo viejo. Como si esa fuera la factura que ya tenía contemplada. —¿Y tú, Regina? ...