1. El círculo. Cap.40 Final


    Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... Recámara en penumbra. Una lámpara junto a la cuna, la bebé en sus brazos. Helena cantaba en ucraniano, lento, antiguo. En la televisión, Damián daba un discurso grave. Ella no lo miraba. No lo escuchaba. Solo mecía. Como si ese vaivén fuera lo único que le quedaba.
    
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    ISABELLA. Centro comunitario. Mujeres en círculo, libretas en las piernas. Isabella hablaba de culpa, de rabia, de un amor que sobrevive incluso a los errores. Una mujer lloraba, otra asentía. Al fondo, Darío la observaba. Sonrió. La amaba, pero ya no la esperaba. Y estaba bien.
    
    LORENZO. Habitación sin nombre en Marruecos. En silla de ruedas, el rostro quemado, los dedos temblorosos. Sostenía un membrete: El Nuevo Círculo. Una firma: Damián. Lorenzo lloró, no de tristeza, sino de furia. Encendió la hoja. La ceniza cayó sobre su regazo como castigo. El ventilador siguió girando, indiferente.
    
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    7. DAMIÁN
    
    La ciudad se extendía debajo como un mar oscuro, con miles de luces parpadeando, respirando como un animal inmenso y viejo. El viento nocturno traía fragmentos de claxon, risas lejanas, sirenas apagadas. Desde lo alto, todo parecía a la vez cercano y ajeno.
    
    Damián estaba solo. Un traje oscuro, perfectamente entallado, cubría su cuerpo que parecía más rígido que vivo. A un costado, sobre la baranda de mármol, descansaba una copa intacta de whisky. El ámbar brillaba bajo la luz, pero él no la había tocado. Sus dedos se cerraban y abrían alrededor del cristal, como si buscara en ese gesto una ...
    ... certeza que nunca llegaba.
    
    El teléfono vibró en su bolsillo. Lo sacó con lentitud, y en la pantalla apareció el mensaje: una mujer hermosa, labios rojos, mirada húmeda, le mandaba una foto sugerente. Damián sonrió de lado, la sonrisa de siempre, esa que le había abierto todas las puertas. El viejo reflejo del conquistador aún palpitaba en él. Pero no respondió. Guardó el teléfono en el saco con un gesto mecánico, como si el juego le pareciera cansado. Como si todo le pareciera cansado.
    
    La copa seguía intacta. La ciudad seguía temblando debajo, esperando.
    
    De pronto, la puerta del despacho se abrió con un chirrido leve. Una risa pequeña, cristalina, atravesó la penumbra. La niña de Helena entró corriendo, con el cabello suelto y los brazos extendidos. Se lanzó hacia él sin detenerse.
    
    —¡Papá!
    
    El impacto fue cálido, repentino. Damián la alzó con fuerza, girando apenas sobre sí mismo. La risa de la niña explotó como campanas en la terraza. Por un segundo, él también rió. Una risa grave, breve, que se quebró en la garganta. El gesto nunca alcanzó a iluminarle el rostro.
    
    La sostuvo en alto, mirándola como si contemplara algo lejano. Después la bajó despacio, con un cuidado que parecía aprendido, no sentido. Le acarició el cabello, los rizos suaves entre sus dedos grandes, y ella corrió de nuevo hacia la puerta, todavía riendo.
    
    Él la siguió con la mirada, en silencio. Se quedó quieto. El eco de la risa se apagó en los pasillos.
    
    Damián caminó hacia el interruptor ...