1. El reportaje en la club


    Fecha: 13/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: El insecto palo, Fuente: TodoRelatos

    ... comenzó a tener orgasmos con cada follada de ese titán de sex shop.
    
    --Ah, oh, ah, por dios… ¡Que polla!
    
    Escuchaba el chop chop de las pajas y los gemidos e insultos hacia mi de esos sádicos, sintiendo calambres de placer en mi tripa cada vez que me autoviolaba con ese rabo.
    
    Era un dolor bestial que sentía, pero al mismo tiempo el placer era indescriptible, así que llegó el momento en el que comencé a correr.
    
    --Aha, ¡Me corro!--grité--¡No, cabrones… aha!
    
    Todos comenzaron a gemir y a correrse.
    
    --Ah, toma puta.
    
    --Si, guarra, que bien…
    
    Miles de chorros de semen chocaron contra mi cara, mi cuello, mi pelo, lo que hizo que me corriese todavía mas sin dejar de follarme a ese consolador, mojé el suelo con una corrida como nunca había sentido.
    
    --Oh, si.
    
    Cuando dejaron de bañarme de leche no me saqué el rabo, si no que dejé poco a poco de moverme y después lo saqué despacio, provocando un sonido de “chop” al liberar mi coño, que estaba ya muy abierto y dolorido.
    
    --Ah, ah, ah—gemía intentando recomponerme.
    
    Los tipos se apartaron y se vistieron, uno de ellos me lanzó algunos billetes, quizás para ...
    ... agradecerme el servicio o por costumbre de cuando iba allí a follarse a mujeres por dinero.
    
    Todos se marcharon deprisa, pues seguramente sus esposas e hijas estaban esperándoles en casa.
    
    Tardé en poder ponerme de pie, mi coño me ardía y mis piernas no tenían fuerza, cuando lo conseguí, recogí mi ropa y caminé, tambaleándome, a través de restos de condones usados y semen de todas clases, hasta el baño que tenía la habitación, vi que, sorprendentemente, estaba mas limpio que el mismo cuarto, y que aún tenía agua, me limpié como pude y me vestí.
    
    Cuando salí ya era noche cerrada, caminé todo lo deprisa que mis piernas me permitieron y subí a mi coche, arranqué, cuando me había alejado del polígono aparqué y rompí a llorar, furiosa con esos cabrones. pero sobre todo enfadada conmigo misma por haber caído en esa trampa, por haber decidido ir allí en vez de satisfacerme en mi casa, en mi cama, en la seguridad del hogar.
    
    Con el tiempo eso se convirtió en una experiencia más, no necesariamente mala, por supuesto, nunca se la he contado a nadie, hasta ahora, pero ha sido, hasta el momento, la cosa más bestia que he hecho como mujer. 
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