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Ángela en fuga
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Todo comenzó una mañana de cielo sucio y calor pegajoso. Ángela ya llevaba dos domicilios completados cuando sonó la alerta en su celular: Entrega especial. Pago en mano. Ubicación confidencial. Sabía que significaba ese tipo de pedidos, propinas jugosas. Y además, venía de James. James no era cualquier repartidor. Alto, moreno, con una sonrisa que parecía romper reglas, tenía ese algo que hacía que Ángela le soltara más de una mirada larga cuando coincidían en la bodega. Nunca le había hablado más allá de lo necesario, pero esa mañana, su nombre en la notificación hizo que se arreglara el cabello antes de salir. El lugar era en una casa vieja, justo en el límite entre lo urbano y lo invisible, donde las direcciones no existen y los favores tienen más peso que los billetes. James la estaba esperando en la esquina, apoyado en su moto con los ojos escondidos tras unas gafas negras. Cubierto de sudor, respirando agitado, mirándola como si acabara de ver un fantasma. —Pensé que no vendrías —dijo. Ella lo miró sin parpadear, con una mezcla de deseo y algo aún más turbio agitándose bajo su piel. Ángela no respondió. Solo dio un paso hacia él, y luego otro, lenta, como si el calor del asfalto se metiera entre sus muslos y la empujara desde dentro. James no se movió. Tenía esa forma de quedarse quieto que no era cobardía, sino algo más cercano al cálculo, o al hambre. —¿De quién se trata esta vez, James? —preguntó al fin, con la voz baja, sin quitarle los ojos de ...
... encima. Él dudó. Y en esa duda, ella lo sintió temblar por dentro. —No te conviene preguntar eso—respondió, al fin—. Solo haz tu trabajo. Como siempre lo haces. Ángela sonrió, torcida. “Como siempre lo haces.” Qué curioso, pensó. Así hablaban de ella muchos hombres. Como si su independencia les doliera. Como si abrir las piernas de vez en cuando fuera un acto de traición. James la deseaba. La miraba como si fuera una puta sucia. Y aun así —o quizás por eso mismo—, en su cabeza ella no era más que eso: una puta libre que no pedía permiso ni explicaciones. Y eso lo volvía loco. —¿Eso es lo que piensas de mí? —dijo ella, acercándose aún más—. ¿Que soy buena solo para hacer el encargo y desaparecer? —No dije eso —contestó, bajando un poco la mirada. —Pero lo pensaste. Él tragó saliva. No tenía defensa. Y en ese vacío, en ese silencio espeso que se forma justo antes de que algo estalle, Ángela lo besó. No con dulzura, sino con rabia. Como si quisiera robarle el aliento. Como si cada segundo robado fuera también una venganza contra todos los que la habían mirado igual. Él respondió. Con la misma furia. Por unos minutos, el callejón se volvió un santuario salvaje, sin reglas ni miedo. Luego, el mundo regresó. Ángela se separó, con el pulso como un tambor en las sienes. —¿Te gustó eso, James? Él no respondió. Pero ya no tenía caso. Angela debía ingresar a esa casa. Ángela empujó la puerta y esta cedió sin resistencia. ...