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Ángela en fuga
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... Dentro, la casa no parecía abandonada ni hostil. No había caos, ni rastro de violencia, solo… soledad y silencio. Un murmullo suave se colaba desde algún lugar lejano, quizá un ventilador, quizá una vieja radio apenas encendida. Estaba iluminada con pequeñas lámparas repartidas en rincones distantes, como si alguien hubiera pensado muy bien en no dejar del todo la oscuridad. Luz cálida sobre madera gastada, sobre alfombras finas pero ajadas por el tiempo. Un ambiente extraño, de misterio cómodo. Casi acogedor. En el borde de la escalera, un pequeño papel, pegado con cinta transparente, captó su atención. La caligrafía era limpia, inclinada hacia la derecha, sin titubeos: “Dúchate. En la cocina hay café.” Ángela lo leyó dos veces. No había firma. Ni más instrucciones. Y sin embargo, obedeció. Subió las escaleras, no sin antes quitarse los guantes de repartidora y dejarlos junto al casco. El baño estaba abierto, impecable. Jabones nuevos, toallas blancas y una bata doblada sobre una silla. Como si la esperaran. Como si alguien supiera exactamente qué haría. Se desnudó despacio, dejando que cada prenda cayera al suelo como un peso innecesario. El agua caliente golpeó su piel con una ternura que contrastaba con la suciedad de la calle. Cerró los ojos y dejó que el vapor la envolviera. No era solo un baño. Era una rendición. Una tregua. Se vistió al salir únicamente con la bata, húmeda aún, el cabello chorreando por la espalda, y bajó a la cocina. El ...
... café estaba servido. Una taza humeante, fuerte, recién colado. Lo bebió sin apuro, saboreando el amargor, sintiendo cómo el calor le bajaba del pecho al vientre. —Veo que seguiste las instrucciones —dijo una voz grave detrás de ella. Ángela giró con lentitud. Apoyado en el marco de la puerta, estaba un hombre que no había visto antes. Alto, delgado, vestido de negro. Tenía el cabello largo recogido en una coleta y unos ojos que parecían saber más de lo que decían. —Me llamo Benjamín —dijo él—. Y tú debes ser Ángela. Ella no respondió de inmediato. Le sostuvo la mirada. Sabía leer hombres. Y ese no era cualquiera. —¿Y tú quién eres? Benjamín sonrió. No con burla, sino con algo más parecido a una invitación peligrosa. —Alguien que requiere de tus servicios. Benjamín le sostuvo la mirada con una calma que no era arrogancia, sino algo más estudiado. Como si llevara años perfeccionando el arte de no parecer una amenaza mientras lo era todo el tiempo. —James me habló de ti —dijo al fin—. Me dijo que eras confiable. E inteligente. Dos cualidades raras de encontrar… sobre todo juntas. Ángela no dijo nada, pero el nombre de James en su boca le provocó una corriente extraña en el estómago. No sabía si era alivio o más preguntas. —¿Qué clase de encargo es este? —preguntó, apoyando la taza en la mesa sin dejar de mirarlo. Benjamín caminó hacia una silla y se sentó con una elegancia casi antigua. Tenía algo de profesor, pensó Ángela. O de actor. O de ...