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Ángela en fuga
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... loco. —Soy maestro de colegio —dijo, cruzando las piernas—. Literatura. Nada especial. Aunque a veces me gusta pensar que la forma en que uno enseña un poema puede salvar o arruinar a alguien para siempre. Ella alzó una ceja. Él no parecía tener prisa. —No te he llamado para repartir libros —agregó, con una media sonrisa—. Lo que necesito es tu compañía. Tres horas. Ni más, ni menos. Estoy dispuesto a pagarte bien por ello. Ángela ladeó la cabeza. —¿Compañía? —Exacto. —¿Sexo? Benjamín rio, breve, como quien no esperaba que se dijera en voz alta. —No necesariamente. Aunque tampoco lo descarto. Eso dependerá de ti. —¿Y qué esperas que haga durante esas tres horas? —Que escuches. Que hables si quieres. Que estés aquí. Conmigo. —La mirada le brilló un instante—. Pero no como una actriz. No como una puta. Como tú. Así como estás ahora. Sola, limpia, peligrosa. Ángela se cruzó de brazos. La bata se abrió apenas, dejando ver parte de su pierna húmeda. Él no desvió la mirada. Tampoco se la clavó. Solo esperó. —¿Y por qué yo? —Porque me gustas. Porque James dijo que a veces piensas antes de hablar. Y porque no tengo tiempo para mujeres dóciles ni predecibles. Hubo un silencio corto, el tipo de pausa que, si se prolonga, puede cambiar la dirección de toda una vida. Ángela dio otro sorbo al café. Estaba amargo y perfecto. —Tres horas —repitió, como quien muerde las palabras antes de tragarlas—. ¿Y qué pasa cuando se ...
... acaben? Benjamín la miró con seriedad. —Eso, Ángela… dependerá solo de ti. Benjamín se levantó sin apuro. Cada movimiento era preciso, como si obedeciera a una música interna que solo él escuchaba. Dio un paso. Luego otro. Y otro más. El sonido de sus zapatos sobre el baldosín fue apoderándose de la habitación. Ritmado, firme. Como un metrónomo que marcaba el inicio de algo que aún no tenía nombre. Ángela no se movió. Seguía de pie, envuelta apenas en la bata, la taza aún en la mano, los labios húmedos de café y expectativa. El aire entre ambos se volvió espeso, cargado de electricidad y algo más denso: el presentimiento de que estaban a punto de cruzar una línea. Cuando estuvo a un palmo de ella, Benjamín alzó la mano lentamente. No la tocó. Solo la dejó flotar cerca de su rostro, como si pidiera permiso sin pedirlo en voz alta. —¿Te incomoda mi cercanía? —susurró, con una voz grave, casi un roce. Ángela sostuvo la mirada. No respondió. Pero tampoco se echó atrás. —Esa es la primera respuesta correcta —dijo él, y bajó la mano con suavidad. Rodeó la mesa y tomó su taza de café, aún caliente, como si la tensión no existiera. Luego habló, con la misma naturalidad con la que se habla del clima: —Mi exesposa decía que yo tenía la habilidad de volver peligrosas las cosas más simples. Un poema, una conversación. Una taza de café. Quizá tenía razón. Ángela lo observaba con creciente curiosidad. No había urgencia en sus palabras, pero sí un peso. Como si cada frase ...