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Ángela en fuga
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... estaba en tomar, sino en hacerla querer ser tomada. Y Ángela… quería. Más de lo que habría admitido con palabras. Benjamín la tomó por las caderas, con una fuerza que no pedía permiso, pero tampoco imponía. Era firmeza sin violencia, dirección sin dominación. Y eso la encendía. Ángela inclinó apenas el torso hacia adelante, apoyándose sobre el mesón de la cocina, sintiendo el frío de la cerámica contrastar con el fuego que subía desde su centro. Se mordió el labio. Ya no pensaba, solo ardía. La primera embestida en su vagina fue lenta, como si él midiera hasta dónde podía entrar sin romperla. Pero ella no era de las que se rompían fácil. Era de las que se abrían como tormentas, de las que pedían más sin hablar. Soltó un gemido ronco, apenas audible, y empujó las caderas hacia atrás. Quería sentirlo entero. Sentir la verga de Benjamín dentro de ella como un castigo merecido. O como un premio sucio. Y él la complació. Se enterró en ella con una profundidad que le arrancó una maldición ahogada. Ángela se arqueó, entregándose sin pudor, sin vergüenza. Como una puta libre. Como una mujer que sabía lo que quería y no tenía miedo de tomarlo. Los movimientos se volvieron más rápidos, más crudos. La piel chocando con la piel, el eco húmedo llenando la cocina silenciosa. El olor del café se mezclaba con el del sudor, el sexo, el deseo. Benjamín la sujetó con más fuerza. Ángela se dejó llevar, perdiéndose en esa violencia dulce, en esa necesidad compartida. ...
... Gritó. Gritó su nombre. Gritó el de nadie. Gritó porque tenía que salir, lo que fuera que llevaba tanto tiempo guardando. Y cuando llegó —cuando el orgasmo la partió en dos, cuando todo su cuerpo se apretó alrededor de él como una garra hecha de placer—, no pensó en el pasado, ni en lo que vendría. Solo en que, por fin, alguien la había visto. No con los ojos. Con el cuerpo. Con la verga. Benjamín la sostenía fuertemente por las caderas, sacó su miembro con esa calma peligrosa que precede a las tormentas. Ángela no se movió. Estaba apoyada sobre el mesón con los pies temblándole por el reciente orgasmo, con la espalda ligeramente arqueada, el cuerpo en tensión, expuesto, entregado. Esperaba. Lo sintió nuevamente: el roce deliberado, más alto, más cuidadoso. No buscaba entrar donde siempre. Buscaba otra entrada. Y ella no protestó. Ángela era una mujer de calle, sí, pero también una mujer de secretos. Y entre ellos, había uno que siempre la había hecho sentir viva: le gustaba el sexo anal. No por sumisión. No por castigo. Por poder. Porque solo una mujer sin miedo, sin culpa, se abría así. Benjamín escupió en la mano y la tocó, despacio. La preparó. No con palabras, sino con gestos. Con ese respeto oscuro que tienen los hombres que entienden el cuerpo ajeno como un mapa que se recorre sin romperlo. Cuando comenzó a entrar, Ángela contuvo el aliento. La presión era intensa, antigua, casi dolorosa al principio. Pero no retrocedió. No era de las ...