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Entre lo real y el peligro de mis perversiones sucias
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Fetichismo Infidelidad Autor: FYL07, Fuente: SexoSinTabues30
... Ven.” Entré con el corazón latiendo en la garganta. Ella tenía una blusa negra pegada, sin mangas. No llevaba sostén. Cuando me acerqué, levantó los brazos y me lo ofreció sin palabras. Ahí estaban: sus axilas húmedas, morenas, velludas. Brillaban. Olían a deseo. Me arrodillé. Le lamí una. Luego la otra. Volví a hundirme en su olor como si fuera oxígeno. Le besé el vello, lo succioné, lo dejé pegado en mis labios. Ella gemía bajito, empapada, entregada. —Te encanta mi olor, ¿verdad? —susurró. —No. Me enloquece. La tomé contra la pared, con su cuerpo temblando. Le abrí las piernas, le separé los glúteos y le lamí el ano hasta que me rogó que se lo metiera. Lo hice con rabia. Ella gemía mi nombre con la cara contra la pared. Cuando me vine dentro de ella, no pude evitarlo: le mordí la axila. No fuerte… solo lo justo para marcarla. Nos quedamos tirados en el piso. Sudados. Mezclados. Respirando como animales. —Ya no puedo dejarte —le dije, mirando el techo. —Entonces no lo hagas —respondió ella, sin voltear a verme. Al volver a casa, esa noche me metí a la cama sin ducharme. Mi esposa me abrazó y me dijo: —Hueles a ti… diferente. Sonreí. No dije nada. Porque no olía a mí. Olía a ella. A su piel cruda. A su sudor. A su axila. A su alma. Y ya no quería que se me fuera nunca del cuerpo. Pasaron un par de días. Me porté normal. Trabajé, hablé poco, dormí a su lado. Pero algo cambió. Mi esposa empezó a ...
... mirarme distinto. Más deseosa. Como si mi olor, esa mezcla que arrastraba sin querer de la otra, le hubiera despertado algo. Una necesidad. Una intuición. Un hambre. Una noche, mientras me cambiaba en la recámara, ella se me acercó por la espalda. Sin decir nada, me bajó el pantalón, me tocó entre las piernas… y se arrodilló. No fue como otras veces. Esta vez lo hizo con hambre. Con deseo de marcar. Me lamió lento. Me lo metió completo. Y mientras lo mamaba, se detuvo un momento, lo miró con los labios húmedos y dijo: —Hoy hueles diferente… pero me gusta. Y volvió a chupármelo. Yo la miraba desde arriba, con la piel erizada. Porque en mi mente,sabía de qué estaba hablando. Aún quedaban rastros de la otra. De su sudor. De su esencia. Y mi esposa… se lo tragaba todo, sin saberlo. Esa noche, mientras hacíamos el amor, ella se subió encima, me clavó las uñas en el pecho y me exigió que le dijera cosas sucias. Yo cerré los ojos… y vi a la otra. La piel morena. Las axilas sudadas. El vello entre sus piernas. La lengua temblando mientras se venía. Mi esposa gemía encima de mí. Me apretaba. Me decía que la cogiera más fuerte. Y yo lo hacía. Pero en el fondo,me la cogía a ella con la imagen de la otra. Cuando terminé, jadeando, mi esposa se echó a mi lado, sonriendo. Me abrazó como si todo fuera perfecto. —No sé qué te pasa últimamente, pero estás más caliente —me dijo entre risas. Y tenía razón. Porque ahora, cuando ...