1. Entre lo real y el peligro de mis perversiones sucias


    Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Fetichismo Infidelidad Autor: FYL07, Fuente: SexoSinTabues30

    ... me metía en ella…me venía pensando en otra.
    
    Algo en mi esposa cambió.
    
    No solo era más intensa en la cama.
    
    Ahora, me pedía cosas. Cosas que antes no se atrevía.
    
    —¿Te excita que no me depile? —me preguntó una noche mientras salía del baño.
    
    La miré sin responder.
    
    Se levantó la bata, me mostró su axila con apenas un par de días sin rasurar.
    
    —¿Así? —dijo, y se la frotó con los dedos.
    
    Yo sentí el estómago caerme al suelo.
    
    La imagen deella, la otra, me golpeó con toda su crudeza.
    
    Me acerqué a mi esposa, le levanté el brazo y le metí la lengua.
    
    La lamí como si fuera otra.
    
    Y ella… se estremeció.
    
    —Nunca te había visto así —susurró.
    
    —Ni yo a ti —le respondí.
    
    Esa noche me pidió que le lamiera más. Me abrió las piernas, me lo mostró sin rasurar del todo. Me retó con los ojos. La complací. Le hice lo que nunca. Le metí la lengua entre las nalgas, en su ano, como hacía con la otra. Ella no entendía, pero se dejaba.
    
    Me vine dentro de ella, sudando, temblando, con una mezcla en la cabeza: su cuerpo… y el de la otra.
    
    ⸻
    
    Días después, en el supermercado, me la encontré.
    
    Ella.
    
    Morena. Gordita. Con una camiseta pegada y el cabello suelto.
    
    Iba sola. Me miró, bajó la cabeza, pero se acercó.
    
    —¿No me vas a saludar?
    
    —¿Y si mi esposa está cerca?
    
    —¿Y si no me importa?
    
    Su mirada era la misma: fuego tímido, pero listo para explotar.
    
    Me dejó una nota doblada en la mano. No decía mucho:
    
    “Esta noche estoy sola.”
    
    No lo ...
    ... pensé.
    
    Le escribí al caer la noche.
    
    Mi esposa había salido a visitar a su madre.
    
    Volví a verla.
    
    Tenía un short y una blusa sin mangas. Estaba sudada. El vello de sus axilas brillaba bajo la luz tenue de la sala.
    
    —Hoy quiero que vengas con el olor de la otra —me dijo al oído.
    
    Y lo hice.
    
    Fui con el perfume de mi esposa aún en el cuello. Con su rastro entre mis dedos.
    
    Ella lo olió. Lo lamió. Lo tragó.
    
    Y me la cogí como nunca.
    
    Pensando en mi esposa.
    
    Y sintiendo a la otra.
    
    Ambas.
    
    Fusionadas.
    
    En mi cuerpo.
    
    En mi mente.
    
    En mi maldita adicción.
    
    Habían pasado semanas.
    
    La otra ya no era un secreto. Era una necesidad. Una sombra que me seguía incluso en los momentos más íntimos con mi esposa.
    
    Y ella… también había cambiado.
    
    Su piel, su aroma, su forma de montarme.
    
    Ambas, sin saberlo, estaban compitiendo por algo que ya no era mío:mi deseo.
    
    Una noche, mi esposa llegó después de entrenar.
    
    No se bañó.
    
    Se quitó la blusa, levantó los brazos y me mostró sus axilas sudadas, velludas, con una sonrisa cómplice.
    
    —Así te gusta, ¿no?
    
    No respondí. Me arrodillé. Me perdí en su olor. En su sabor. En su cuerpo vivo, natural, real.
    
    Me hundí en ella con la lengua, le lamí la axila, la entrepierna, el ano. Todo como venía.
    
    Y ella se venía sobre mi cara, mojándome, marcándome.
    
    La cogí con rabia. Ella me apretaba con fuerza, gimiendo como nunca.
    
    Se vino tres veces. Y yo… terminé dentro, sin pensar en nada. O en todo.
    
    Y ...