1. Arrastrada por la lujuria


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Mercedes, Fuente: CuentoRelatos

    ... nada, pero yo sabía lo que él quería y, enloquecida, me arrodillé abrazándome a sus caderas y tomé en mi boca su interminable cilindro de carne.
    
    Se lo estuve chupando por varios minutos, gozando al ver que él se retorcía ante la habilidad de mi lengua y labios. Estaba muy excitado y me obligó a doblarme sobre la cintura, me poseyó con fiereza y se empezó a menear. Después de que ambos terminamos, sacudidos por los espasmos y el traqueteo del tren, nos sentimos satisfechos momentáneamente y salimos, decididos a dar rienda suelta a nuestra pasión en algún lugar más propio.
    
    Nos bajamos en un pueblito mucho antes de llegar y nos dirigimos a un hotel “Hotel del Marques”, el más próximo a la estación. Después de alquilar una habitación, nos desvestimos para caer uno en brazos del otro. Me tumbé en la cama y Jaime comenzó a besarme y darme lengua en todo el cuerpo, sin desatender un sólo centímetro de mi piel.
    
    Durante toda la noche estuvimos follando en cuantas posiciones pueda imaginarse, haciéndome gozar como no lo había logrado ninguno de los hombres con quienes me había ido a la cama. Cuando al día siguiente regresamos a la estación a tomar el siguiente tren rumbo a Guadalajara, de lo que más me acordaba, era de lo que sucedió en el baño del vagón.
    
    El recorrido se me hizo interminable y cuando llegamos a Guadalajara, lo primero que hice fue dirigirme a un hotel céntrico. Me recibió un joven exageradamente bajito. Tomó mis datos personales y me ayudó con mi maleta y ...
    ... demás pertenencias. Por la noche sentí frío y me levanté a pedir otro cobertor en la administración. Segura de que encontraría en la oficina al joven, no me preocupé por la ropa que cubría mi cuerpo. El camisón era transparente y yo no llevaba nada debajo, a excepción de las pantaletas; pero a pesar, se me adivinaba el cuerpazo me cargo.
    
    Vi la puerta de la oficina abierta y llamé:
    
    ―Adelante —me dijo la voz chillona del joven.
    
    El tipo estaba echado en un catre, con la ropa puesta pues tenía que recibir a quienes llegaran a solicitar hospedaje. Lentamente se incorporó y me miró como pocas veces me habían mirado. Había en él, algo extraño, casi maligno que me obligó, involuntariamente, a dar un paso hacia atrás. Sus ojos ardían con un fuego que exteriorizaba su urgente necesidad de hembra.
    
    Tragué en seco y traté de recuperar la compostura.
    
    ―Tengo frío y vengo a ver si me puede dar otro cobertor —dije con voz temblorosa.
    
    ―Sí, señorita; estoy para servirle —me respondió con un tono de voz que justificó mi alarma.
    
    Se levantó y abrió un armario. El mueble estaba lleno de cobertores, sábanas y colchas. Fue entonces cuando descubrí “aquello”, su miembro viril. No podía creer lo que estaba viendo; era algo enorme, monstruoso, pues parecía que le había salido una joroba en la entrepierna. Dándose vuelta, me preguntó:
    
    ―¿Qué le parece ésta?
    
    ―Cualquiera —respondí sin poder salir de mi estupor.
    
    Con manos temblorosas tomé el cobertor, asustada tanto por lo que ...