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Una mansión que acoge infinidad de orgías (3)
Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
Araceli está a punto de terminar su jornada laboral como segurata en esta mansión de lujuria y sadomaso a raudales. Hace ya hora y media que despidió al esclavo que le estuvo comiendo la panocha ensangrentada por la menstruación. Después de pegarse una ducha, ponerse una compresa, su ropa interior y su ropa de calle, está esperando a Jorge que es el segurata que la va a sustituir en su puesto. Jorge es un hombre de 42 años, 1,90 m de altura y 100 kg de peso. Es el típico chico obsesionado con la vida fitness. Es un armario empotrado. Araceli desea ser, a su vez, empotrada por él. Pero Jorge está muy enamorado de su esposa, con la que se casó recientemente, y de momento no tiene ojos para otras hembras. Jorge entra en la garita, saluda a Araceli con dos besos y le pregunta qué tal la jornada. Ella le hace un pequeño resumen de lo ocurrido en las habitaciones de la mansión (omitiendo la sesión de sexo que tuvo con el esclavo), y se despide de Jorge deseándole buena jornada. Araceli antes de abandonar la garita le echó un vistazo al paquete de su compañero, se relamió los labios y se fue, diciendo para sus adentros “Madre mía que hombrón. A ver si se cansa pronto de adorar a su esposa y se fija en mí y me empotra como a una yegua en celo”. Una vez que Jorge se quedó solo en la garita comenzó a hacer zapping por los monitores para ver qué había de nuevo. Quedó estupefacto cuando en la habitación 9 vio al párroco de su barriada, Don Benedicto. Pero el asombro ...
... no quedó ahí. Estaba acompañado por un matrimonio que son vecinos suyos. Rafael y Martirio viven dos pisos por arriba de Jorge. En las reuniones de vecinos se muestran muy estirados y recatados. En esta habitación, los tres ocupantes estaban aún vestidos cuando el segurata los interceptó haciendo zapping. Don Benedicto es rechoncho y lleva su habitual sotana y está sentado en una butaca. Enfrente de él, de rodillas como si estuvieran en confesión estaba el matrimonio. Martirio va con un traje pantalón color gris, blusa blanca y el pelo recogido en un moño. Muy sobria, en su estilo, y sin casi maquillaje. Es una mujer de unos 45 años. Rafael tiene 50 años, es de mediana estatura, con incipiente alopecia y va con pantalón de tergal negro y camisa azul. Jorge se pregunta qué hacen esos tres carcas mojigatos en esta mansión del desenfreno sexual, y afinó el oído. –Os he citado en esta mansión, de la que soy su mayor accionista y que todas sus alcobas o celdas están dedicadas a la meditación e introspección, para que me desarrolléis con pelos y señales lo que me contasteis ayer de forma atropellada y precipitada sobre vuestra hija –comentó Don Benedicto, mintiendo en lo de que la mansión es un refugio de paz espiritual. –Pues verá Don Benedicto –comenzó Martirio– nuestra hija nos hizo una proposición sexual degenerada a no poder más. Nos dijo que haría un sandwich sexual con nosotros si le subíamos la paga semanal y la dejábamos ir en verano con sus amigas a Las ...