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Fin de semana de la perra Lola
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: todoPet, Fuente: TodoRelatos
Soy Ana, pero durante el fin de semana soy Lola, la perra de mi ama. Tengo 48 años, casi 49, y esto es lo que pasó desde el viernes hasta el domingo pasado Salí del trabajo a las seis, después de una semana archivando papeles en la oficina. Nadie allí sabe nada de esto. Para ellos, soy la mujer callada con jerseys anchos y vaqueros. Pero cuando conduzco hasta la casa de mi ama, todo cambia. Su chalet está a una hora de la ciudad, en un pueblo, con un jardín grande rodeado de setos altos y un muro de piedra que da intimidad. Aparqué en la entrada, me quité la ropa en el coche y dejé el bolso en el maletero. Entro desnuda, siempre. Mi cuerpo no es de veinteañera. Tengo la piel pálida, con estrías en los muslos y el vientre de cuando engordé hace años. Mis pechos son medianos, algo caídos, con pezones grandes y oscuros que se endurecen con el frío o los nervios. Mi pelo es castaño, corto, con canas que no tapo, porque a mi ama le da igual. No estoy gorda, pero tengo algo de barriga, y mis rodillas y codos están marcados, rojos por tanto gatear. Toqué el timbre a cuatro patas, con el frío del suelo de cemento en las manos. Mi ama abrió la puerta. Llevaba una camiseta negra, vaqueros y el pelo rubio suelto hasta los hombros. Me miró de arriba abajo, sin sonreír. —Adentro, Lola —dijo. Gateé hasta el salón, con las rodillas rozando el suelo de madera. Me puso el collar, uno de cuero negro, nuevo, con una placa metálica brillante que dice "Lola". Lo abrochó firme, y ...
... el cuero se sintió frío contra mi cuello. Me señaló el suelo junto al sofá. —Quieta. Me quedé en posición, manos y rodillas en el suelo, cabeza baja. Ella se sentó a ver la tele, ignorándome. Estuve así un rato, oyendo el murmullo de una serie y el ruido de una cerveza al abrirse. No me hablaba, y yo no esperaba que lo hiciese. Soy su perra. Después, chasqueó los dedos y señaló la cocina. —Vamos, perra. A comer. Gateé detrás de ella. En la cocina, puso un cuenco de metal en el suelo, junto a la nevera. Había arroz cocido mezclado con trozos de pollo asado y zanahoria hervida, sobras de su comida. Me acerqué y comí con la boca, sin manos. El arroz estaba frío, y los trozos de zanahoria se me pegaban a los labios. Algunas migajas cayeron al suelo, y mi ama me dio un azote en el culo con la mano abierta. El sonido resonó en la cocina. —Eres un desastre, Lola. Come bien o no comes —dijo. Me esforcé más, lamiendo el cuenco para no dejar nada. El sabor era soso, pero lo hice. Cuando terminé, ella puso otro cuenco con agua. —Bebe. Lamí el agua, salpicando un poco. Mis pechos rozaban el suelo frío, y el agua me goteó por la barbilla hasta el pecho. Mi ama me dio otro azote, más fuerte. —No seas guarra. Bebe bien. Intenté no salpicar, pero el agua seguía goteando. Ella frunció el ceño y me limpió la cara con un trapo húmedo, frotando fuerte, como si le molestara ensuciarse las manos. Luego señaló la jaula, una grande de metal en el rincón de la cocina, ...