1. El señor del bastón


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Cristina, Fuente: CuentoRelatos

    ... forma frenética, comenzó a llenarme toda con su semen, lo sentía dentro de mí, muy caliente, me quemaba todo mi orto, tal era su abundancia que no lo podía contener todo, sentía que se resbalaba por entre mis piernas, mi vagina se lubricaba con él, así siguió bombeando hasta acabar todos sus jugos, cuando no tuvo más y estando ya completamente relajado dejó caer todo su peso sobre mí, me aplastó contra el sofá, comenzó a besarme la espalda, llegó hasta mi nuca, me mordió el cuello, era algo maravilloso el placer que esto me producía.
    
    Aun así, seguí con mi mano en la vagina, lentamente comencé a acariciar mi clítoris, así empecé a tener un nuevo orgasmo, él lo comprendió por mis jadeos, me ayudó con sus besos y caricias, estallé nuevamente, no podía creer, a pesar del ardor que aún tenía con su pija dentro de mi culo, el orgasmo que tuve fue interminable, hermoso, todo mi cuerpo se retorcía, gritaba como una loca, no sé cuánto duró, pero para mí fue una eternidad.
    
    Luego él se salió dentro de mí, que alivio tan grande, no tenerla más dentro de mí, pero la verdad fue una lástima, lentamente me di vuelta y quedé de espaldas sobre el sillón, no podía creer lo que veía, por mis piernas chorreaba un líquido espeso y caliente, era su semen mezclado con sangre, casi podría decir que más sangre que semen, era ...
    ... evidente que mi culo se había roto de una manera increíble, en ese momento me di cuenta del ardor que tenía en orto.
    
    Entonces Fernando se levantó, fue hasta el baño y regreso con una crema, comenzó a lamer toda mi vagina y mi culo, se fue chupando todo, mientras lo hacía con sus manos jugaba con mis pechos, me los acariciaba, apretaba con la punta de sus dedos mi pezones, cuando hubo limpiado todos los jugos comenzó a aplicar crema en mi culo y mi vagina, como por arte de magia todo el ardor que tenía en el orto desapareció, recién en ese momento comencé a sonreír y a disfrutar realmente.
    
    Su enorme verga no estaba totalmente flácida, comencé a acariciársela, abrí mis piernas, ofreciendo toda mi argolla para que me penetrase, pero el conocedor de sus propias fuerzas me dijo muy cálidamente: Me encanta lo que me ofreces, pero no puedo satisfacerte más, hoy no, dejémoslo para otro día…
    
    Así fue que me levanté y con bastante dificultad fui a darme una ducha, me cambié y me despedí de Fernando, cuando salí a la calle no podía caminar, me ardía todo, mi orto era un fuego, bajé al subte y cuando me ofrecieron un asiento me negué a aceptarlo, no me podía sentar, es más por varios días cuando me sentaba sentía ardor, pero ese ardor era hermoso, solo me hacía recordar la enorme verga que había tenido dentro de mi culo. 
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