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LNE (7). Noche de fiesta
Fecha: 26/09/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... viejo que estaba justo encima de ellos. César mitad desabotonó mitad sacó su blusa por la cabeza, dejando al descubierto un sostén casi infantil. Maribel experimentó un súbito pudor, que él supo soslayar al soltar con presteza los cierres y dejarlo caer, liberando dos tetas diminutas, coronadas por dos pezones rosa oscuro, duros, enhiestos, que César pellizcó y retorció mientras mordía la boca de Maribel, que gimió al responder al placer que le provocaban sus caricias. No tardó en seguirle su pantalón, y después su braga, arrojada al suelo. César sigue besándola al tiempo que introducía su mano derecha entre sus piernas, enterrando los dedos en ese vello abundante, crespo, y rebuscando hasta encontrar su clítoris y su coño, acariciándolos y provocando unos gemidos aún más agudos. La tumbó sobre las colchonetas, sin dejar de acariciarla, de masturbarla con suavidad, complacido por la abundante humedad que notaba brotar de su interior, y ella sencillamente fue arqueándose, elevando su pelvis, abriendo sus piernas delgada como varas de junco, gimiendo en su boca, enmudecida por sus labios y su lengua. *** Las posturas no fueron acrobáticas ni demasiado originales, pero sí efectivas. Cesar la penetró apoyados en las colchonetas, dejó que ella se subiese a horcajadas sobre él entre sogas de escalada, y aprovechó para colocarla de bruces contra una de las grandes pelotas de pilates, follándosela desde atrás, amasando unas nalgas mínimas, blandas y muy blancas, pero ...
... quemándose atrapado por un coño abrasador, famélico, que atrapaba su polla con acogedora ansiedad. El almacén temblaba ligeramente, o quizás solo era la pelota rodando al compás de las firmes embestidas de César, obedeciendo a una desatada Maribel que gemía como una loca y pedía más a gritos apenas contenidos. Acabaron exhaustos, riendo como dos adolescentes después de su primer delito menor. Maribel rebuscó en sus pantalones hasta sacar una toallita húmeda del bolsillo trasero. —¿Puedo limpiarte? —Esa es la frase más sexy que me han dicho hoy. —¿De verdad? —Bueno, la única. Pero igual cuenta. *** César estaba tumbado entre colchonetas, con la pelota bajo una pierna y un cono de entrenamiento aplastado bajo su espalda. —¿Sigues viva? —preguntó con voz entrecortada, mientras jugaba con un cordón de zapatilla que nadie sabía de dónde había salido. —Más o menos —dijo Maribel, aún de rodillas, limpiándose con unas toallitas—. Me siento como si me hubiera atropellado un carrito de limpieza… pero en el buen sentido. Ambos se miraron, sudorosos, despeinados y con la expresión cómplice de dos adultos que acaban de hacer algo que probablemente estaría prohibido por el reglamento del colegio… y la ley del buen gusto. Entonces, sin previo aviso, César la miró con esa ceja arqueada de villano de telenovela de bajo presupuesto. —Oye… ¿te puedo proponer algo un poco… diferente? —¿Diferente como qué? ¿Bailar sevillanas en medio de una orgía? —No. Bueno, ...