1. LNE (7). Noche de fiesta


    Fecha: 26/09/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... notando como ella estaba cada vez más abierta, más relajada, más excitada, gozando del latido de su interior masajeando su miembro en toda su longitud.
    
    —¡César… ayyyy… Césaaaar…! —suspiró ella.
    
    El ritmo, tan despacioso y precavido al principio, se volvió casi orgánico. César descubrió en sí mismo una precisión milimétrica y una capacidad de empuje de lo más estimulante. Maribel, por su parte, se debatía entre el éxtasis, la vergüenza y la necesidad urgente de comprobar si seguía teniendo columna vertebral.
    
    —¡Así! —gimió ella—. ¡Dame… por el culooo…!
    
    Ambos gimieron… hasta que algo cambió.
    
    Un sonido. Apenas audible. Un leve glub.
    
    César paró en seco.
    
    —¿Qué… fue…eso…?
    
    —No. No. No fue nada. Sigue… sigue. —Maribel se rio, muy alto, muy nerviosa, como quien trata de tapar una fuga de gas con una toalla de papel, mientras movía sus caderas en círculos, incitando, invocando.
    
    Y entonces… vino el segundo glub. Más sonoro. Más amenazante.
    
    —Maribel… ¿todo bien?
    
    Ella giró la cabeza lentamente, con los ojos muy abiertos y una expresión horrorizada en su rostro.
    
    —César… tenemos un código marrón.
    
    Él parpadeó.
    
    —¿Qué?
    
    —¡Sácala… ¡ ¡Sácala!
    
    Fue un segundo de pánico puro.
    
    Un olor traicionero comenzó a colarse entre las colchonetas. César saltó hacia atrás como un ninja ofendido.
    
    —¡¡Oh Dios!!¡Esto no es lubricante de eucalipto!
    
    —¡No mires! ¡NO MIRES! —gritó ella mientras intentaba cubrirse con un peto fluorescente de educación física, ...
    ... doblándose sobre sí misma, la cara retorcida en un rictus de sufrimiento y vergüenza.
    
    —¡Estoy intentando no mirar! ¡Pero hay una pelota medicinal con síndrome post traumático ahora mismo que me está contando cosas!
    
    Ambos corrieron. Desnudos, trastabillando entre conos, sogas y una cuerda de batalla que ahora parecía burlarse de ellos.
    
    —¡Las duchas! —gritó Maribel, entre sollozos y carcajadas histéricas.
    
    Corrieron por el pasillo como fugitivos de una cárcel asiática. Llegaron a las duchas, y encendieron todas las llaves de agua tratando de apagar un incendio metafísico.
    
    Maribel se dejó caer en el suelo de azulejos, llorando.
    
    —Voy a tener que quemar mi ropa… Y mi alma.
    
    —Yo voy a necesitar terapia…
    
    Ella lo miró, empapada, con champú infantil del gimnasio chorreándole por la frente, en silencio, roja como la grana, tapándose como podía.
    
    —¡Prométeme que no le dirás a nadie!
    
    —¡Jamás! ¡Me llevaré este secreto a la tumba!
    
    —¡Ni a tu terapeuta!
    
    —¡Ni siquiera a mi terapeuta imaginario que uso cuando bebo vino solo en casa!
    
    Ambos se sellaron el pacto con un apretón de meñiques bajo el agua.
    
    Silencio. Agua caliente. Olvido.
    
    ***
    
    El día anunciado, el gimnasio del colegio olía a una mezcla extraña de sudor seco, reflex, glaseado de chocolate y nervios. A pesar del esfuerzo colectivo, todo parecía al borde del colapso. Habían colgado una pancarta hecha con cartulinas que decía: "¡Feliz Jubilación, Pilar!", aunque Pilar no se jubilaba. Era simplemente ...
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