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LNE (7). Noche de fiesta
Fecha: 26/09/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... rostro, en esa manera de sostener la copa de vino espumoso como si fuera ginebra, que le volvía irrepetible. —Entonces sígueme. Y él la siguió. Salieron del gimnasio y atravesaron el pasillo lateral, aquel que nadie usaba porque daba a las colchonetas de gimnasia antigua, apiladas como secretos olvidados y sufrimiento de educación física predemocrática. Allí, a la luz intermitente de una guirnalda de Navidad rota, Cristina le empujó contra la pared. Le besó con una intensidad quirúrgica: cada movimiento exacto, decidido, como si no hubiera margen para la duda. —No digas nada esta vez —le pidió, rompiendo el beso—. Solo… siente. César obedeció. Dejó de pensar. Sus manos se aferraron a su cintura, bajaron por las caderas, y encontraron la piel tibia bajo la falda de cuero negro. Cristina no llevaba ropa interior. Lo supo con los dedos, y lo confirmó con el leve gemido que ella dejó escapar, mordiendo su labio inferior, cuando se perdió entre los pliegues de su coño que rezumaba humedad. —¿Así empiezas los finales? —susurró él. —No. Así empiezo lo que no quiero terminar. Ella lo empujó sobre las colchonetas. El lugar era un altar blando, silencioso, cubierto de años de ejercicios gimnásticos y sudores ajenos. Pero en ese momento, fue otra cosa. Fue una habitación sin historia, donde solo existían ellos dos. Cristina se colocó sobre él, con la falda aún puesta, pero alzada hasta la cintura. Se desabrochó la blusa sin apuro, dejando que la luz azul le ...
... dibujara el cuerpo como un mapa en negativo. No era solo desnudez: era una decisión. Tenía unas tetitas pequeñas, más anchas que redondas, con areolas y pezones grandes de color marrón. César la miró como si la viera por primera vez. —Eres la idea que me niega el descanso. —Y tú —respondió ella, bajando lentamente sobre él— eres el cansancio que me impide olvidarte. Cuando ella se dejó caer despacio, empalándose en su polla con su coño estrecho pero tragón, y lo tomó dentro, fue sin preámbulo ni ceremonia. Solo necesidad. Profunda, caliente, inevitable. Se quedó ahí, sentada sobre su regazo, latiendo su interior en la verga de César. Empezó a moverse, arriba, abajo, en círculos lentísimos, que se fueron transformando en maniobras amplias, sensuales, y un control del ritmo que rozaba lo cruel. -Tienes una buena polla… para ser tan bajito… Sonreía con la mirada extraviada, pero había ternura en sus manos, en cómo le acariciaba el pecho, el cuello, la cara. Él no respondió, sino que apretó sus caderas, amasando sus glúteos duros y firmes, pellizcando sus pezones, mientras era ella la que se follaba a su ritmo, a su aire, danzando sobre él. Estaban cubiertos de sudor, brillando a la luz trémula, gotas resbalando por su pecho, por espalda, por sus rostros congestionados de placer. —No pares —dijo él. —No puedo —respondió ella, sin dejar de moverse, de subir, de bajar, de cabalgar su polla—. Llevo semanas conteniéndome. Y entonces, justo cuando el ...