1. Con el carnicero de mi barrio (2 - final)


    Fecha: 27/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos

    Como ya conté en la primera parte de este relato, para poner en antecedentes a los lectores, mantengo relaciones sexuales extraconyugales con Oscar, el carnicero del mercado de mi barrio, un chico de veinticinco años de edad, (yo tengo cuarenta y dos); es guapo, con un cuerpo escultural, un “piercing” en la lengua y un miembro superdotado de más de veinte centímetros de longitud.
    
    En una de nuestras últimas citas me confesó que le había contado lo nuestro a su hermano pequeño Carlos, de 18 años de edad, el cual pareció excitarse sobremanera con ello, por lo que le había propuesto organizar un trío si nosotros dos estábamos de acuerdo. Oscar me dijo que por él no había inconveniente y que podría resultar muy divertido, pero que yo tenía la última palabra en este asunto, ya que por encima de todo me respetaba.
    
    Como también expuse en el relato anterior, a pesar de ser una mujer felizmente casada desde hace trece años, en el ámbito sexual soy bastante puta y viciosa, por lo que no me tomé mucho tiempo en aceptar aquella morbosa e innovadora proposición. Yo nunca había estado con dos hombres a la vez y decidí que ya era hora de hacerlo. Fijamos la cita para el día siguiente, en mi casa, entre las cuatro y las seis de la tarde. Os recuerdo que mi marido trabaja durante todo el día y no regresa a casa hasta las ocho o las nueve de la noche.
    
    Decidí esperarles con ropa provocativa para calentar rápidamente el ambiente; un pantalón muy corto y ajustado, una camiseta rosa ...
    ... ceñida semitransparente y unas zapatillas blancas de deporte sin calcetín ni medias. Por descontado que tampoco me pondría bragas ni sujetador. Abrí la cama, donde horas más tarde estaría haciendo el amor con mi marido, puse un poco de música de ambiente, y coloqué bombillas rojas en las lámparas de ambas mesillas de noche. Por último, baje la persiana de la ventana hasta el tope, creando un ambiente de auténtico prostíbulo.
    
    Eran poco más de las cuatro menos cuarto cuando llené la cubitera de hielos, preparé unos vasos de tubo y saqué una botella de whisky J&B y varias latas de Coca-Cola, colocándolo todo sobre la mesa baja del salón. Luego encendí un cigarrillo y me senté a leer una revista. A las cuatro y un minuto sonó el telefonillo del portero automático. Al descolgarlo y contestar, la voz de Oscar me anunció su llegada.
    
    Pulsé el botón de apertura y me dirigí hacia la puerta de acceso al domicilio, en donde abrí la tapita de la mirilla panorámica y escudriñé el rellano de los ascensores. A los pocos segundos la puerta del ascensor se abrió, dando paso a los dos muchachos. Nada más ver el rostro de Oscar abrí la puerta de la casa para franquearles la entrada, sin necesidad de que llamaran al timbre y levantaran las típicas miradas curiosas de los vecinos.
    
    Oscar estaba especialmente atractivo y deseable aquella tarde, con su habitual ropa ajustada que enmarcaba su perfecta musculatura y su abultado “paquete”. Carlos era un joven bastante feo, con el rostro plagado de ...
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