-
La felicidad de una madre
Fecha: 27/09/2026, Categorías: Incesto Masturbación Sexo con Maduras Autor: Veronicca, Fuente: SexoSinTabues30
... de pensar en lo que me apenaba el no poder compartir también con mi hijo esos momentos, y a pesar de sentirme como intrusa, me masturbaba al ver la excitación de ambos en esos obscenos encuentros para la mirada de cualquiera. De todas formas, ese distanciamiento con mi hijo, tampoco me impedía ver que su atracción por mí la hubiera perdido, sino todo lo contrario. Yo notaba en muchas ocasiones como me comía con la mirada, cuando me cambiaba de ropa, cuando me sentaba o me recostaba en el sofá enseñando mis muslos, cuando me inclinaba ante él y se abría mi escote permitiéndole ver mis pechos, o provocando directamente sus miradas en este juego morboso que muchas madres se sienten tentadas de hacer con sus hijos en esta edad adolescente en la que disfrutan viendo cómo ellos se turban y se ponen colorados cuando les mostramos nuestro cuerpo. Yo sabía que todo esto estaba causando que sus masturbaciones se las hiciera pensando en mí, cuando se encerraba en el baño o por las noches en su cama, ya que por las mañanas, podía ver los restos de semen que quedaban en las sábanas. Todo esto aumentaba mi morbo y ganas de acercarme a él, pero su repentina timidez adolescente nos impedía disfrutar juntos de esta etapa de su vida. Fue un hecho casual lo que cambió la situación totalmente. Un día que se estaba duchando no había cerrado la puerta como en otras ocasiones y yo entré en el baño distraída cuando se estaba secando, no pudiendo evitar fijar mi mirada en su pene que se ...
... movía balanceándose entre sus piernas, y que aún en estado flácido, se veía de un tamaño mayor de lo normal que yo suponía para su edad y desde luego, había dado un gran cambio desde la última vez en la que pude vérselo. Ante mi insistente mirada, él se sintió turbado y trató de tapárselo con la mano, pero aun así, no podía evitar que siguiera mirándoselo, por lo que me preguntó: —¿Por qué lo miras tanto? A ti también te parece muy grande, ¿no? —Bueno, hijo, es grande, sí, pero eso no es malo. —Es que mis amigos me gastan bromas por tenerlo así, porque ellos la tienen más pequeña. —No les hagas caso, te tendrán envidia. No tienes por qué acomplejarte, ya sabes como son. ¿Alguna niña te lo ha visto? —Sí, porque lo habían oído comentar y ellas se reían y una me dijo que se la enseñara y cuando la vio me dijo que era más grande que la de su padre. —¿Te la habrá visto dura, claro? —Sí, y otras niñas quisieron verla también y todas querían tocarla. —¡Vaya!, jaja. Es normal, hijo. Es que la tienes hermosa. Tengo curiosidad por ver cuánto te crece. Póntela dura que voy a por el metro para medírtela. Cuando volví ya la tenía en erección, mostrándose espléndida ante mis ojos, por lo que no pude evitar mi nerviosismo cuando se la agarré para medírsela: —¡Caray! Mide casi 20 cm., hijo, es una barbaridad, pero que maravilla. Vas a hacer a muchas mujeres felices con esto. —¿Les gustan así tan grandes? —Claro que les gustan. A mí me encanta. —¿Por qué ...