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La felicidad de una madre
Fecha: 27/09/2026, Categorías: Incesto Masturbación Sexo con Maduras Autor: Veronicca, Fuente: SexoSinTabues30
Supongo que muchas madres se sentirán identificadas con esta historia, ya que siempre hay unos momentos en la relación madre-hijo en los que pueden darse este tipo de situaciones, que en algunos casos llegarán más lejos y en otros se quedarán a medias, pensando en que hubiera podido pasar si hubieran hecho esto o aquello, o si se hubieran decidido en un momento determinado a pasar esa línea de nuestra conciencia que lucha contra nuestro corazón y nuestros deseos y si no la hemos llegado a traspasar, al menos, todas hemos pensado en ellas de una forma inevitable, aunque nuestro inconsciente se resista a reconocerlo. Nosotros somos un matrimonio con dos hijos, el niño, ya adolescente, es el mayor y la nena tiene cuatro años menos. Desde que eran pequeños, tanto su padre como yo acostumbráramos a bañarnos con ellos cuando podíamos, y nos metíamos en la bañera los cuatro juntos o según los casos, uno de nosotros con los dos o cualquiera de ellos solos, porque eran momentos muy bonitos que se disfrutan mucho en familia, como sabréis los que habéis tenido esa oportunidad. Según iba creciendo nuestro hijo, yo iba teniendo una especial predilección por meterme en la bañera con él, como creo que mi marido con la nena. En mi caso era muy gratificante sentir su cuerpo desnudo abrazado a mí, sintiendo como se resbalaba nuestra piel a causa del agua y el jabón, mientras tenía esa sensación única, que hacía que llegara a excitarme en esos momentos en los que lo presionaba ...
... contra mis pechos y sentía su pene erecto rozándome por todos los lados de mi cuerpo. Cualquier madre que haya tenido esta experiencia sabrá lo que es eso, es algo maravilloso, pero desgraciadamente solo dura unos pocos años. Recuerdo todas esas ocasiones en las que cuando lo tenía abrazado a mi cuerpo, o recostado en mi regazo, le agarraba su pene con mis dedos y se lo movía hasta sentir como se estremecía todo su cuerpo, ya que como todavía no podía eyacular, tenía esos pequeños espasmos similares a un orgasmo que hacía temblar su cuerpo de placer, y ya de más mayorcito, cuando se lo hacía, empezaba a salirle un líquido pegajoso que me gustaba sentir en mis dedos y su sabor en mi boca, para después lavarle bien su glande hinchado y reluciente, que era como una especie de caramelo que en esos momentos de máxima excitación pude degustar las pocas veces que me atreví a metermelo en mi boca, ante la sorpresa y el gusto de mi hijo al recibir esa mamada de su madre. Cuando la nena estaba en la bañera con nosotros, o con su padre a solas, también resultaba muy obsceno ver la polla de mi marido sobre su cuerpo, a veces en un estado de total erección, que animaba más a mi hija a jugar con ella en su mano para su mayor diversión y morbo de mi marido, que no hacía nada por evitar esos juegos. Y aunque ella ya estaba acostumbrada a ver la polla de su padre, también miraba con cara de asombro, como crecía el pene de su hermano, e incluso alguna vez se atrevió a tenerlo en su mano ...