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Unos vecinos influencers
Fecha: 01/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... de dar clase en la universidad". Me dejé caer en la cama, las sábanas frías donde antes había calor. El reloj marcaba las 3:23 AM. Fuera, la música seguía. "Sí...", admití al fin, mirando el techo como si pudiera ver las estrellas a través del yeso. "Creo que has ganado". El viernes llegué a casa con el cuerpo pesado como plomo y la mente nublada por horas de reuniones estériles. El Mercedes se detuvo en el garaje con un suspiro mecánico, y al abrir la puerta de la cocina, me golpeó una mezcla de canela quemada y vainilla que olía a castigo doméstico. Clara estaba de espaldas, removiendo una sustancia marrón en un bol de cristal. Llevaba esos leggings negros que convertían su trasero en una obra de arte del Renacimiento, y un top deportivo tan pequeño que dejaba al descubierto el tramo de piel dorada entre los riñones y el comienzo de su cintura. "¿Qué haces, bruja?", pregunté, dejando la cartera sobre el mármol con un golpe seco. Ella se volvió con esa sonrisa de Mona Lisa que siempre escondía travesuras. "Galletas de bienvenida para los vecinos", dijo, alzando el bol para mostrarme una mezcla que parecía aserrín mojado. "Avena, espirulina y... mi toque especial". Probé un trozo y mi cara se contrajo como si hubiera mordido una limón. "Joder, Clara. Esto sabe a sandalia de gimnasio después de un maratón". "Por eso son para ellos", rió, acercándose para darme un beso fugaz que me dejó el sabor amargo de su traición en los labios. "Hoy nos ...
... presentamos. Tengo ganas de estrenar esos pendientes de Tiffany", añadió con un guiño. Comimos una ensalada insípida (Clara estaba en modo "operación bikini" otra vez), y durante la siesta, ella se durmió sobre mi pecho, babando mi camisa como si fuera un adolescente. A las seis en punto, estábamos frente al espejo del recibidor, dos depredadores preparándose para la caza. Yo elegí mi armadura: Camisa azul celeste de lino (la que Clara decía que me hacía parecer "un banquero de película porno"), pantalones chinos que escondían mi creciente incomodidad y unos zapatos italianos. Clara, en cambio, había optado por un atuendo que era una declaración de guerra: Top rosa palo de tirantes finos que empujaba sus pechos como globos a punto de estallar, vaqueros tan ajustados que parecían pintados con látex y sandalias de tacón que alargaban esas piernas que tantas noches me habían envuelto "¿Vas a ir así?", pregunté, tratando de sonar ofendido y no excitado. Ella se miró en el espejo, mordiéndose el labio de esa forma que siempre precedía a mis derrotas. "¿Demasiado?" "Para un velatorio, sí. Para seducir a un niño de universidad, perfecto". Clara me dio un pellizco en el trasero (demasiado fuerte para ser cariñoso, demasiado bajo para ser casual) antes de coger la bandeja de galletas. "Vamos, celosillo", susurró, sus caderas balanceándose como péndulos hipnóticos. Los treinta pasos hasta su casa fueron un viacrucis. El jardín vecino mostraba las cicatrices de ...