1. La niñera


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    Ser niñera nunca había estado en mis planes, pero pagaba las cuentas y me dejaba tiempo para estudiar.
    
    Cuidar a un nene de dos años no era difícil, lo complicado era tratar con los padres, en especial con Luis, un psicólogo de 47 años que siempre había sido correcto conmigo, hasta que dejó de serlo.
    
    Había trabajado con su familia por más de un año. Me recomendaron porque mi hermana del medio conocía a su esposa.
    
    Al principio, todo era normal: horarios, pagos en fecha, una relación cordial. Pero había algo en la manera en que Luis me miraba que siempre me hacía ruido.
    
    Una noche de mayo del 2022, su esposa tuvo que viajar de urgencia y él llegó tarde del hospital. Me llamaron de imprevisto y tuve que faltar a la facultad para cubrir el turno. No me molestó tanto al principio, pero a medida que pasaban las horas, sentía el fastidio de haberme perdido una clase importante.
    
    El nene ya estaba dormido, la casa en silencio, y yo sentada en el sillón con el celular en la mano, chequeando mensajes atrasados. Casi seis horas con la criatura me tenían al borde de la locura.
    
    Luis me había avisado que llegaba tarde, que lo disculpara, que me pagaba la hora extra. “Sí, sí, obvio”, había respondido, sin ganas de nada.
    
    Cuando la puerta se abrió, lo primero que sentí fue su perfume. Ese olor amaderado que se le impregnaba a la ropa, a la piel. Cerré los ojos un segundo y suspiré, sin darme cuenta.
    
    Después lo vi. Camisa color hueso, corbata floja, jean oscuro, los ...
    ... hombros anchos, el reloj brillando con la luz del living. Se aflojó un poco el nudo de la corbata y sonrió de costado.
    
    —Gracias por bancarme hoy —dijo, dejando las llaves en la mesa—. Sé que fue un quilombo.
    
    —No pasa nada —respondí sin levantarme—. Al menos el bebé durmió temprano.
    
    Luis caminó hasta la barra de la cocina y sirvió vino en una copa. Me miró por encima del borde mientras tomaba un trago.
    
    —¿Querés uno?
    
    —No, tengo que irme.
    
    —Dale, uno solo.
    
    Me tensé. No me gustaba cuando los tipos insistían con cosas que ya había negado. Él notó mi incomodidad y sonrió de nuevo.
    
    —Te estuve pensando hoy.
    
    —Ajá —dije, sin levantar la vista del celular.
    
    —Pensando en vos. Tocándome.
    
    Me quedé helada. Lo miré de golpe.
    
    —¿Qué dijiste?
    
    —Eso —contestó, tranquilo—. Que hoy me hice una paja pensando en vos.
    
    Mi primer impulso fue matarlo. O putearlo y pegarle. Opté por lo último. Me paré de golpe y le di un cachetazo en el brazo.
    
    —¡Pelotudo!
    
    Ni se movió.
    
    —Tranquila —dijo, con una calma irritante—. Que estés re buena no es que sea un secreto.
    
    —¿Vos te das cuenta de las guasadas que me estás diciendo?
    
    —Sí.
    
    —¡Estás casado, la concha de tu madre!
    
    —Y vos estás hermosa.
    
    —¡Andate a la mierda!
    
    Me di vuelta, agarré mi mochila y encaré para la puerta, con el corazón latiéndome en la garganta. No podía estar pasando esto. No con él. No en esta casa. Pero cuando pasé a su lado, él me agarró la muñeca y me frenó.
    
    —No te hagas la boluda ...
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