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La niñera
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos
... —murmuró. Me quedé inmóvil. Lo miré, con la respiración entrecortada. —Te dije que hoy me toqué pensando en vos. Pero no te dije cómo. Se me acercó más. Sentí su aliento caliente en mi cuello, su voz ronca vibrando en mi oído. —Me hice una paja con una foto tuya. Tragué saliva. —Tenés que estar jodiendo. —No. La tengo en el celular. ¿Querés verla? Yo ardía. —¿De dónde mierda sacaste una foto mía? —Estabas distraída. Se me congeló la sangre. —Hijo de puta… Me empujó contra la pared con suavidad. —No te enojes, che —susurró, rozándome el cuello con la nariz—. Estabas en el sillón con una remerita blanca, sin corpiño. Supe exactamente de qué momento hablaba. Y también supe que yo tenía que estar empujándolo, insultándolo, saliendo de ahí. Pero estaba clavada en el piso, con la piel erizada y el estómago apretado. —¿Y si te denuncio? Luis rio. —No vas a hacerlo. —¿Cómo podés estar tan seguro? —Porque te encanta lo que te dije. Apreté los labios con bronca. Quise responderle, pero me cortó la respiración cuando me apoyó su erección en la pierna. —Quiero cogerte, Mey. Y quiero pagarte por eso. Lo miré, furiosa. —Sos un degenerado. —Y vos una pendeja hermosa. No le di el gusto de contestarle. Pero tampoco me moví cuando sus manos bajaron hasta mi cintura. —Decime que me pare —susurró, deslizando los dedos por el borde de mi pantalón—. Y lo hago. No lo dije. Luis sonrió. Me mordió el lóbulo y se ...
... metió en mi pantalón sin pedir permiso. —Así me gusta —gruñó—. Encima ya estás mojadita. Me arqueé cuando metió los dedos adentro. Su mano era grande y áspera. Me agarró del pelo y me forzó a besarlo. —Vas a dejar que te coja, ¿sí o no? Cerré los ojos y suspiré. —Voy a tomar eso como un sí. Ahora, arrodillate. Mi corazón latía fuerte. Me soltó y bajé al piso, con la vista fija en el bulto bajo su jean. —Sacala —ordenó. Lo hice. Su verga estaba dura, caliente, gruesa. Me tomó de la cabeza y me guio sin suavidad. —Abrí bien la boca. Obedecí. Mi lengua recorrió cada centímetro, su líquido preseminal se mezcló con mi saliva. Luis gimió, tirando la cabeza hacia atrás. —Así, putita. No sé cuánto tiempo estuve así, pero cuando me levantó, sentí que quería más. —Ahora sí —gruñó, dándome la vuelta—. Te voy a romper toda. Me empujó contra el sillón, me bajó el pantalón y la tanga de un tirón y me abrió las piernas con violencia. —Quedate quietita. Su lengua me recorrió con agilidad. Me agarré de los almohadones, reprimiendo un gemido. —Sí, así… Luis gruñó contra mi concha y hundió la lengua más. No hubo más palabras cuando me penetró con fuerza, solo el golpe húmedo de su piel contra la mía. Me aferré al tapizado sintiendo cómo me cogía sin piedad. Me agarró del pelo y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a mirarlo de costado. Su expresión era pura lujuria. —Decime te gusta —gruñó, embistiéndome con más fuerza. El ...