1. Capítulo 11: el dolor de la libertad


    Fecha: 09/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos

    ... No se movía. No respiraba con normalidad. Solo escuchaba. Solo sentía.
    
    —Después de eso —dijo Mariana, con voz baja, casi ronca—, Lucía me tomó. Me tomó de verdad. No solo con las manos. Con la boca. Con todo.
    
    Claudia se movió un poco en la cama, sin darse cuenta de que sus dedos se aferraban con más fuerza a la sábana. No preguntó. No hacía falta. Mariana iba a seguir hablando. Iba a contarle todo. Porque sabía que Claudia quería escucharlo. Porque, de alguna manera, ambas estaban sintiendo algo parecido.
    
    —Me empujó hacia atrás, me hizo sentarme en las mantas —continuó Mariana—. Y antes de que pudiera reaccionar, se metió entre mis piernas. Me abrió con fuerza, con sus manos, con sus dedos. Me dejó completamente expuesta. Y sin avisar… me lamió.
    
    Claudia cerró los ojos.
    
    —Fue brutal —susurró Mariana—. No fue una caricia suave, no fue una lengua juguetona. Fue como si quisiera arrancarme el placer a mordiscos. Me lamió de abajo hacia arriba, con fuerza, con urgencia, con hambre. Sentí cómo su lengua rozaba mis labios, cómo se hundía en mi entrada, cómo subía hasta mi clítoris y se quedaba ahí, presionando, chupando, mordiendo suavemente… hasta que empecé a gemir como una perra en celo.
    
    Claudia tragó saliva. Podía imaginarlo. Podía sentirlo casi como si fuera ella. Casi como si estuviera allí. Casi como si estuviera viendo a Lucía, con sus labios oscuros, su cabello suelto, su lengua hambrienta, moviéndose sobre el sexo de Mariana como si fuera suyo. Como si lo ...
    ... fuera.
    
    —Me agarró del culo con ambas manos —continuó Mariana, con voz entrecortada—. Me levantó un poco, me abrió más… y me metió la lengua dentro. Profundo. Tan adentro como pudo. Grité. No pude evitarlo. Fue como si me estuvieran rompiendo por dentro. Pero no me quejé. No quería que parara. No podía querer que parara.
    
    Mariana bajó la voz, como si estuviera contando un secreto que no quería que saliera de esa habitación.
    
    —Y entonces… me lamió el culo.
    
    Claudia abrió los ojos. Su respiración se detuvo por un segundo.
    
    —No fue suave —dijo Mariana—. No fue una caricia juguetona. Fue una lengua mojada, caliente, que me rozó el ano con fuerza, que me lamió como si fuera parte de mi sexo. Me tensé. Me quemaba. Pero… me gustó. Me gustó tanto que no pude evitar separar más las piernas. Me ofrecí. Me entregué. Y Lucía lo tomó todo.
    
    Mariana hizo una pausa. Cerró los ojos. Podía verlo otra vez. Podía sentirlo otra vez.
    
    —Después de eso —dijo, con voz casi temblorosa—, me besó de nuevo. En la boca. En los labios. Y pude saberme a mí misma en su lengua. Pude saborear mi propio deseo. Y fue… jodidamente erótico.
    
    Claudia no dijo nada. Solo escuchaba. Solo sentía.
    
    —Y entonces empezó la verdadera tortura —dijo Mariana, con una sonrisa que no era de felicidad, sino de recuerdo—. Lucía se movió. Se acomodó entre mis piernas, me agarró de las caderas con fuerza y me metió un dedo. Solo uno. Entró fácil. Estaba mojada. Tan mojada. Y me lo movió lento. Profundo. Hasta que ...
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