1. Capítulo 11: el dolor de la libertad


    Fecha: 09/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos

    ... entregarse por completo.
    
    Lucía se sentó en una pila de mantas, con las piernas cruzadas, y le hizo un gesto a Mariana para que se acercara. Mariana obedeció, colocándose de pie frente a ella, completamente expuesta. Lucía comenzó a acariciarle las piernas, subiendo lentamente, rozando la piel suave con la yema de los dedos. Mariana cerró los ojos, dejando escapar un suspiro.
    
    —Empieza —le ordenó Lucía, con una sonrisa malvada—. Quiero verte.
    
    Mariana llevó sus manos a sus senos, acariciándose con suavidad al principio, rozando los pezones con las yemas de los dedos. Sentía cómo se endurecían, cómo su respiración se volvía más pesada. Lucía observaba cada movimiento, cada reacción, con una intensidad que la hacía sentir aún más vulnerable y excitada.
    
    —Más fuerte —le indicó Lucía, y Mariana obedeció, apretando sus senos, masajeándolos, tirando suavemente de sus pezones, sintiendo cómo el placer comenzaba a recorrer su cuerpo.
    
    Sus manos bajaron lentamente por su vientre plano, marcado ligeramente por la gravedad, hasta llegar a su sexo. Estaba húmeda. Ardiente. Lista. Separó ligeramente los labios mayores con dos dedos, exponiendo su clítoris, que ya palpitaba de deseo. Comenzó a tocarse con suavidad, describiendo círculos lentos y deliberados, sintiendo cómo cada nervio de su cuerpo se encendía.
    
    —Métete los dedos —le ordenó Lucía, y Mariana, sin dudar, introdujo dos dedos en su vagina, gimiendo suavemente al sentir cómo su cuerpo se abría para ella. Empezó a ...
    ... moverlos lentamente, entrando y saliendo, sintiendo cada pliegue, cada rincón de su interior. Añadió un tercer dedo, estirándose, llenándose, imaginando que era Lucía quien la penetraba, quien la poseía.
    
    Su otra mano no se quedaba quieta. Acariciaba su clítoris, rozándolo, presionándolo, sintiendo cómo el placer se acumulaba en su vientre, cómo su cuerpo se tensaba, cómo su respiración se volvía jadeos entrecortados.
    
    Lucía la observaba, con los ojos llenos de lujuria y satisfacción. Le gustaba ver cómo Mariana se entregaba, cómo se tocaba para ella, cómo se volvía loca de placer.
    
    —Más rápido —le indicó Lucía, y Mariana obedeció, moviendo sus dedos con más urgencia, entrando y saliendo, frotando su clítoris con más fuerza, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba, cómo su cuerpo estaba a punto de explotar.
    
    Pero justo cuando estaba a punto de llegar al clímax, Lucía la detuvo, agarrándole la muñeca con firmeza.
    
    —No —le dijo, con voz autoritaria—. Todavía no. Quiero que te detengas.
    
    Mariana abrió los ojos, sorprendida, jadeando, con el cuerpo temblando de necesidad. Lucía sonrió, sabiendo que tenía el control, sabiendo que Mariana estaba completamente a su merced.
    
    Mariana se quedó en silencio por un momento, como si estuviera buscando en su mente la palabra exacta. El aire en la habitación parecía más pesado, como si las palabras que iba a decir tuvieran densidad. Claudia seguía boca abajo, con el plug aún en su lugar, escuchando con una atención casi religiosa. ...
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