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Capítulo 11: el dolor de la libertad
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos
... silencio. En paz. Con el calor de dos cuerpos que no necesitaban sexo para sentirse juntos. Cuando Claudia se separó, con los ojos brillantes pero sin llorar, se levantó de la cama y caminó hacia su maleta. Sacó un pijama de algodón suave, se lo puso con cuidado, sintiendo cómo el plug se ajustaba a su nueva posición. No se lo quitó. No todavía. No quería o no podria pasar por eso de nuevo. Volvió a la cama, se acostó al lado de Mariana, que ya se había tapado con la sábana. Las dos quedaron de lado, mirándose, con la luz tenue de la lámpara de la mesita encendida. —¿Cómo terminaron las cosas con Andrés? —preguntó Mariana, de repente. El aire en la habitación era pesado, aunque no por tensión, sino por intimidad. Mariana estaba tumbada de lado, con una mano apoyada en la mejilla, mirando a Claudia con esa expresión que ya había aprendido a reconocer: atención total, sin juicio, solo escucha. Claudia, en cambio, tenía los ojos perdidos en el techo. No sabía por dónde empezar. No porque no tuviera palabras. Sino porque, por primera vez, iba a decir en voz alta lo que había sentido pero nunca había querido aceptar. —No fue de un día para otro —dijo al fin, con la voz baja—. Fue como… como si poco a poco se fuera apagando todo. Como una vela que se consume sin que te des cuenta. Mariana no dijo nada. No hizo falta. La mirada fue suficiente para que Claudia supiera que podía seguir. —Al principio, era bonito. Él me hacía sentir… especial. Importante. Cada ...
... vez que me besaba, me sentía como si fuera la única en el mundo. Cada vez que me tocaba, me sentía como si fuera la primera vez que alguien me hacía sentir algo. Se quedó callada un momento, como si estuviera recordando algo que ya no podía tocar. —Pero después… todo cambió. No de golpe. No con un grito. Fue lento. Como una herida que no sangra, pero que duele igual. Mariana se movió un poco, apoyó su cabeza en la almohada y la miró fijamente. —¿Cómo cambió? —preguntó, sin presionar. Solo preguntó. Claudia tragó saliva. —Él dejó de besarme antes de tocarme. Dejó de mirarme cuando me decía que me quería. Dejó de preguntarme si quería hacerlo. Solo… lo hacía. Como si fuera algo que tenía que hacer. Como si fuera su derecho. Se quedó callada un momento. Luego, con una voz más baja, casi como un susurro, continuó: —Y hacer el amor… ya no era lo mismo. Al principio, sí, era bonito. No sé si por el sexo en sí, o por lo que representaba. Pero después… se fue volviendo rápido. Mecánico. Fue como si él solo quisiera terminar. Sin cariño. Sin preguntar si yo sentía algo. Sin importarle si yo sentía algo. —¿Y tú? —preguntó Mariana, con suavidad—. ¿Sentías algo? Claudia cerró los ojos un momento. Respiró hondo. —No lo se—respondió—. Queria sentirlo, pero algo de placer. Algo de dolor. Casi Nada. Era como si mi cuerpo estuviera allí, pero yo no. Era como si él estuviera follando con una idea, no conmigo. Con una necesidad, no con una persona. Mariana se ...