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Capítulo 11: el dolor de la libertad
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos
... ¡Damela bien rico, papi! Claudia se tensó. Pero no se movió. No aún. —¿Y qué hiciste? —Escuché —dijo Claudia—. Escuché cómo se la metía. Cómo sus cuerpos se pegaban. Cómo los golpes de piel contra piel llenaban la habitación. Cómo Milagros gemía. Agudo. Falso. Calculado. Cómo Andrés jadeaba. Con fuerza. Con placer. Con satisfacción. —¿Y qué pasó después? —Me besó —dijo Claudia—. En los labios casi inemediatamente con lengua. Con saliva. Con intención. Pero no era Andrés. No era nadie que yo conociera. No todavía. Y fue entonces cuando me di cuenta. No era un video. No era una fantasía. Era real. Y me arranqué la venda. Física. Y espiritual. Y allí estaban. Él. Detrás de ella. Follándola con fuerza. Mirándome. Sonriendo. Como si me estuviera dando un regalo. Como si no me estuviera destrozando. Como si no importara. Como si no fuera nada. —¿Y qué dijo? —Milagros me miró —dijo Claudia—. Con los ojos brillantes. Con la sonrisa de alguien que sabía que me estaba destruyendo. Y me dijo: —“Mira cómo se mueve una hembra de verdad, Claudia. Aprende. Tocame, vamos a divertirnos los tres” —¿Y tú? Claudia no respondió al instante. Se quedó callada un momento. Largo rato. Luego tragó saliva. —Ni me acuerdo cómo me levanté —dijo al fin—. En serio, Mar. Ni cómo agarré la ropa. Ni cómo metí los brazos por las mangas de la blusa. Ni cómo me enrollé la falda en la cintura. Solo sabía una cosa: tenía que salir. Tenía que salir de allí, de esa cama, de ...
... esa habitación, de esa puta escena que no debería haber existido nunca. Mariana la miró, con esos ojos que no juzgan. Solo escuchan. —No busqué mis bragas —continuó Claudia—. Ni siquiera lo intenté. No iba a tocar nada de lo que había quedado allí. Nada que oliera a ellos. Nada que oliera a traición. Nada que oliera a mi humillación. No iba a tocar nada de eso nunca más. —¿Y luego? —Salí corriendo —dijo Claudia—. Del cuarto, del departamento, como si la mierda que había visto fuera a perseguirme para siempre. Bajé las escaleras sin sentir los escalones. Salí a la calle sin darme cuenta del frío. Caminé sin rumbo hasta que mi cuerpo reconoció mi puerta. Una vez dentro, me duché. Por horas. Con agua caliente. Con jabón fuerte. Me froté la piel hasta casi hacerme daño. Como si pudiera borrarlo todo con la fuerza del agua. Mariana no dijo nada. No hacía falta. Sabía lo que iba a seguir. —Pero no funcionó —dijo Claudia—. Porque al día siguiente, todo empeoró. Mariana tragó saliva. No preguntó. No hizo falta. —Andrés me escribió temprano —continuó Claudia—. Me dijo que teníamos que hablar. Que lamentaba lo sucedido. Que quería hablar en persona. Me dijo cosas como: “Te amo, Claudia. Eso no cambia. Solo quiero explicarte. No fue como crees.” —¿Y tú qué le dijiste? —Nada —dijo Claudia—. Al principio. No respondí. No quería hablar. No quería verlo. No quería que me tocara con sus palabras. Pero insistió. Y al final… acepté. No porque lo amara ...