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Uno de mis relatos vívidos
Fecha: 10/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Eran alrededor de las tres de la tarde. Estábamos acostados en la cama viendo una película bastante famosa en ese entonces. A mí nunca me llamó realmente la atención ese tema de superhéroes y villanos, pero Andrea —mi novia— tenía muchas ganas de verla, y yo no pensaba negárselo. Llevábamos varios días intentando encontrarla por todos los medios posibles, pues en ese entonces no teníamos suficiente dinero como para pagar la membresía de una plataforma de streaming. Fue así como terminamos en casa de Leo, uno de mis amigos más cercanos, quien tenía una suscripción activa donde estaba la película que buscábamos. No pasaron más de veinte minutos cuando mis ojos empezaron a cerrarse. Para el minuto treinta —o tal vez menos, realmente no lo sé— ya estaba completamente dormido entre los dos. El tiempo pasó y de repente, algo me hizo abrir los ojos. Fue esa sensación extraña, como cuando uno siente que lo están observando. Cuando recuperé la conciencia, vi los ojos de Andrea y Leo fijos en mí. A ambos les causaba gracia que me hubiera quedado dormido a su lado. Leo se levantó de la cama y comenzó a rebuscar en el mueble donde estaba el televisor. —¿Qué tal si buscamos algo para jugar en la consola y así Mario no se vuelve a quedar dormido? —dijo sin mirarnos. —Me parece bien —secundó Andrea, dirigiéndome una mirada divertida y, quizá, con un toque de burla. Así fue como terminamos entreteniéndonos con un título que tenía “kart” en el nombre, en lugar de ver la película ...
... por la cual habíamos venido. Solo había dos controles, por lo que quien perdía entregaba el mando a quien había estado espectando, y así sucesivamente. Las horas pasaron entre risas, burlas y galgerías hasta que se escuchó a la madre de Leo llamándolo para que bajara a hacer no sé qué. —Ya regreso. Cuando vuelva, les sigo ganando —dijo, entregándole el mando a Andrea, que estaba sentada en la cama donde yo apoyaba la espalda. Ella era la espectadora de turno. Continuamos jugando por un rato en la consola. Sin embargo, al ver que Leo no subía, se nos ocurrió cerrar la puerta y echarnos un rapidito antes de que volviera. Andrea fue la primera en quitarse su saco de lana y se abalanzó sobre mí, tomándome desprevenido, aún de espaldas con la mano apoyada en la madera. Alzó mi camiseta lo justo para que sus labios hicieran presencia, bajando por mi espalda. Sin detenerse, liberó sus prominentes senos de su cárcel y los presionó contra mi espalda baja al mismo tiempo que la prenda caía al suelo. Podía sentir sus pezones rozar mi piel, encendiéndome al instante. Me giré sobre mi eje, apoyando la espalda en la puerta. Tomé sus mejillas con la palma y la acerqué para que nuestros labios se fundieran, mientras mi mano libre apretaba una de sus tetas. Las lenguas se encontraron y comenzaron a arremolinarse con frenesí, entrando y saliendo de nuestras bocas con hambre. Sus dedos se deslizaron por mi pelvis hasta llegar a la hebilla. Con rapidez, la trabajó hasta soltar mis ...