1. Uno de mis relatos vívidos


    Fecha: 10/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... jeans, llevándose mis boxers de una sola vez. Alternando su atención entre mis labios y mi erección, Andrea robó uno de los peluches de la cama de Leo y lo puso debajo de sus rodillas antes de dejarse caer sobre él.
    
    Primero hizo desaparecer la punta de mi pene entre sus labios, dándome un abrebocas de lo que vendría. Su lengua empezó a bailar dentro de su boca, en un frenesí que me volvía loco. Luego lo sacó y trazó un camino húmedo desde la base hasta la punta con una lentitud tortuosa. Sus ojos no se apartaban de los míos. No se guardaba nada. Quería que cada centímetro de mí supiera lo que me estaba haciendo ahí abajo.
    
    Cuando llegó al final del recorrido, lo llevó profundo a su garganta sin pedir permiso. Al principio, lento… después, con más prisa. Era imposible acostumbrarse al mar de sensaciones que me recorría.
    
    Alcé su barbilla en un gesto delicado, mientras un hilo fino de saliva aún la conectaba a mi pene. Le hice una señal para que se levantara. La besé con fuerza y la guié hasta la cama, haciéndola caer de espaldas. Allí la despojé de sus prendas inferiores, como ella había hecho conmigo. Comencé a besarla con deseo, con excesiva pasión. Me estaba dejando llevar por mi instinto más primitivo. Mi mano izquierda se enredó en su cabello, mientras la derecha se deslizaba sin freno entre sus piernas, provocando su clítoris expuesto con círculos lentos pero contundentes. Ella jadeaba bajo mis falanges; su respiración agitada me excitaba demasiado. Quería ...
    ... seguir torturándola, quería que siguiera intentando contener los gemidos para no ser descubiertos por los familiares de Leo, que estaban en el segundo piso.
    
    Me incliné sobre ella, acariciando con mi lengua el borde de su oreja y luego su lóbulo, mientras la punta de mi falo ya se deslizaba por su vagina empapada. No fue hasta que, por accidente, mi mirada se atrevió a ir más allá de una de las rodillas dobladas de Andrea que me percaté de que la puerta se había abierto. Teníamos una visión sin obstáculos hacia la habitación de la hermana mayor de mi amigo, que —por suerte— estaba cerrada. De igual manera, girando a la derecha, se veían las escaleras que conducían al primer piso.
    
    Me apresuré a cerrarla nuevamente, o al menos eso pretendía… si no fuera porque Andrea me encadenó con sus piernas por la cintura y sus brazos alrededor del cuello. Mi atención se centró en sus ojos ahogados en placer. Su cara estaba visiblemente enrojecida. Me jaló más hacia abajo hasta que fueron sus labios los que rozaron mi oreja. —No la cierres… —jadeó entre suspiros—. Quiero que quien se asome vea cómo me estás follando… que si alguien sube, nos encuentre así… con tu verga dentro de mí.
    
    Ese gesto hizo que me pusiera aún más duro de lo que ya estaba. Sin pensarlo dos veces, me hundí dentro de ella. La idea de que la hermana de Leo solo necesitara entreabrir la puerta por algún ruido sospechoso, o que el mismo Leo ya estuviera subiendo y me viera enterrando mi erección en Andrea en su propia ...