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Tenía que enseñarle las bases del trabajo
Fecha: 22/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Amateur, Fuente: CuentoRelatos
Mi nombre es Sergio tengo 34 años y estoy soltero, mido 1,76 m. y soy de aspecto normal. Soy Ingeniero, Técnico de producción de una importante industria de la ciudad de Vigo, esta empresa tiene la casa matriz en Francia por lo cual bastante a menudo he de desplazarme a ese país. En el mes de marzo la empresa contrató a una chiquita, Marisa, también Ingeniero con la carrera recién terminada y es un portento en todos los aspectos, tiene 24 años, 1,72 m. de estatura, unas medidas aproximadas de 96–64–90, muy morena y una cara preciosa siempre sonriente, es tremendamente inteligente. Mis jefes me la asignaron para que la formara en todos los aspectos técnicos de la empresa en la rama producción, la primera parte de la formación necesariamente tenía que ser en una de las fábricas matriz situada en el ámbito de París por lo cual programamos un viaje de dos semanas en la capital de Francia. Salimos el día 12/4 a las 12 del mediodía del aeropuerto de Vigo hacia Orly al cual arribamos a las 17 horas, nos dirigimos al hotel y luego de colocar nuestras cosas y asearnos un poco salimos a dar un paseo por la ciudad, teníamos que cenar y acostarnos temprano, los días siguientes iban a ser bastante duros, nos teníamos que levantar a las 6 de la mañana para estar en la fábrica a las 8 y allí de oficina técnica en oficina técnica y de las oficinas a los talleres, terminábamos la jornada a las 17 horas y cuando llegábamos al hotel realmente estábamos muy cansados. El viernes la ...
... jornada la terminamos a las 13 horas, pregunté a Marisa que quería hacer y me contestó, comer y dormir como mínimo hasta las siete, estaba cansadísima, yo tenía que hacer unas cosas en la ciudad por lo cual aprovecharía y a las 19 horas quedé en llamarla, a las 18,30 horas llegué al hotel me fui a mi habitación, me di una ducha, me cambié de ropa y salí a llamar a Marisa, aporreé la puerta de su habitación y… ¡Hostias! Salió tapada solo con una toalla y chorreando agua, me mandó pasar y con toda la tranquilidad del mundo de espaldas a mí tiró la toalla y procedió a vestirse, yo babeaba mirando su culo y piernas, el culito respingón enmarcado en unas caderas redonditas y rotundas de las cuales partían unos muslos potentes, lisos, con el tamaño justo y unas piernas que parecían esculpidas, vista así por atrás parecía una estatua Griega, sin poder evitarlo mi polla se puso a mil. Ella se puso unas braguitas de encaje negras muy finas y seguidamente se colocó sobre ellas una faldita que apenas llegaba a cubrírselas, se giró ligeramente hacia mí y quedó a mi vista el perfil de uno de sus senos ¡Que teta Dios mío! Derecha y dura como un Obús, un tamaño espectacular y un pezón que en ese momento tenía erecto del tamaño de un dedal, uno de esos pezones que en cuanto lo metes en la boca te remontas a la época de la lactancia. Ella cogió un sujetador también de encaje negro (Hacía juego con la braguita) se lo colocó y sobre él un suéter muy fino, a continuación una chaquetita ...