1. Visito la casa del amante de mi mujer


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mario, Fuente: CuentoRelatos

    Había transcurrido más de un mes desde la pasada travesura cuando un viernes por la tarde Silvana se mostraba muy animada y hacía bastantes alusiones pícaras al sexo.
    
    Después de comer me dijo que tenía algo que contarme. Intrigado, pues no había dado ella muestras de que hubiera otra aventura de por medio, le dije que era todo oídos. Nos reímos y ella soltó: “ayer volví a ver a Artur… en la Rambla. No te pongas nervioso que no estuve con él más que unos momentos hablando… Me dijo que le gustaría volver a verme, pero yo le respondía que todo lo hacía y lo compartía contigo, que lo mío con él era un juego en el que aparte de él y yo, también jugabas tú; y que para mí tu eres el jugador principal… Total, que me dijo que le agradaría mucho invitarnos a los dos a tomar algo en su casa. ¿Qué te parece?…”.
    
    Le respondí que “sí a todo” y nos besamos como tórtolos en celo. “¿Y para cuando has quedado, o hemos quedado…?”. “Dijo que esta tarde estaría en casa; si quieres puedo llamar por teléfono”. Llamó y entre risas y picardías quedaron en que en una hora estaríamos en su piso.
    
    Nos duchamos y vestimos para la ocasión, mejor dicho, se vistió Silvana con sus mejores galas de lencería incluyendo aquellas bragas negras, lisas y brillantes, que tanto me gustan y que le regalé para las “ocasiones”; y un vestido de color gris, ceñido, corto y sin mangas que la hacía sumamente apetecible. Nos morreamos y metimos mano mientras nos vestíamos y tuvimos que contenernos para no gastar ...
    ... parte de nuestras energías antes de tiempo…
    
    Poco menos de una hora después estábamos plantados ante la puerta de su piso llamando al timbre. Durante el escaso medio minuto que tardó la puerta en abrirse pasaron fugazmente por mi cabeza una serie de cuestiones y preguntas que me iban azotando: “¿qué hago yo aquí?, he venido a ver como se follan a mi mujer… disfrutaré con ello… soy un cerdo, esto no se hace… ¿soy más pervertido de la cuenta?… estoy excitado… sí, lo estoy…”.
    
    En aquel momento se abrió la puerta del piso y apareció ante nosotros un hombre alto, casi un metro ochenta, delgado y con el pelo largo y canoso. Iba vestido con pantalones de pana beige, camisa a cuadros canadienses y una bata se seda a modo de sobretodo. Caminaba algo encorvado y aparentaba tener cerca de sesenta años, aun conservando cierto toque de elegancia en los gestos y esbeltez en la figura.
    
    “Hola Silvana, bonita, que alegría que hayáis podido venir. Me encanta la compañía agradable”. Dijo mientras plantaba sendos besos en las mejillas de mi esposa. Esta, tras los besos, nos presentó como a marido y a antiguo profesor suyo respectivamente.
    
    Entramos y nos dirigió al salón, invitando a sentarnos en una largo sofá de cuatro holgadas plazas. Nos ofreció una copa y se fue hacia la cocina para preparar los tres whiskys. Asomó la cabeza por el dintel de la cocina para pedir a Silvana si le importaría ayudarle con los cubitos. Silvana fue hacia allá y con el tintineo del hielo cayendo sobre el ...
«123»