1. Visito la casa del amante de mi mujer


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mario, Fuente: CuentoRelatos

    ... vidrio de los vasos percibí también risas apagadas y cuchicheos… que inevitablemente debían tenerme a mí por objeto… En aquel momento me sentí un marido cornudo, pero me gustó.
    
    Tenía el sátiro de mi esposa una conversación agradable y un lenguaje cultivado, aparte de un toque de buen gusto que se manifestaba en la sobriedad clasicista de la decoración. Peleábamos con el segundo whisky, sentados los tres en el sofá con el anfitrión en el centro y Artur parecía coincidir con muchos de mis puntos de vista sobre el mundo en general. La conversación era muy apacible y más dialéctica que festiva cuando noté que nuestro profesor, sin dejar de explicarme sus opiniones sobre el arte abstracto, apoyó su mano derecha sobre la pierna de mi mujer.
    
    Seguía hablándome como si no pasara nada, pero sin apartar los ojos de los míos y acariciando cada vez con más evidencia el muslo de Silvana. Mi mujer se dejaba hacer y casi imperceptiblemente iba extendiendo las piernas de modo tal que facilitaba el contacto entre su pierna y la mano acariciadora, de suerte que en poco trecho llegó a meterle mano en la entrepierna.
    
    Mi esposa emitió un suspiro felino y apoyó la cabeza en el respaldo cerrando los ojos. Artur, sin dejar de mirarme, decía que Silvana era muy bonita y muy dulce, que se sentía muy feliz y satisfecho de haber contribuido a su formación. “¿No estás de acuerdo?”, me preguntó directamente. “Según me ha contado, siempre ha aprendido mucho en tus clases, que además le han ...
    ... resultado gratificantes… Creo que me gustará asistir a una de ellas para conocer los métodos educativos que has utilizado con ella”; respondí.
    
    Silvana tomó parte en el juego y sin decir nada salvo tararear una canción melódica, se levantó del asiento y quedó de pie frente al sofá en que estábamos nosotros dos sentados. Se aproximó a mi dándome la espalda y ligeramente inclinada hacia delante. Supe lo que quería y le bajé la cremallera del vestido, que en un ágil movimiento de hombros y caderas cayó limpiamente al suelo, quedando ante nosotros una maravillosa escultura adornada por una braguita y un sujetador negros.
    
    Me encontraba en la indecisión entre optar por controlar de alguna manera la situación asumiendo el papel principal, es decir, siendo yo el que entregaba a mi mujer iba a ser también yo quien dirigiera el rito según mi propia fantasía; o por otra parte asumir el papel que se me ofrecía de formar también parte de la entrega. Ambas ideas hervían en mi cabeza, pero al final la presencia del profesor y la descarga eléctrica que su mirada me hizo sentir pudieron más que mi resistencia y por unos instantes sentí el regusto agridulce de la rendición y del sometimiento voluntario a una voluntad ajena. Él sería el maestro del juego y Silvana y yo nos someteríamos a sus deseos lujuriosos. Además, a esto habíamos venido.
    
    Artur se levantó en silencio, se acercó a Silvana y ambos se abrazaron y fundieron sus bocas en un morreo breve. Cogidos de la mano, Artur preguntó ...