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Visito la casa del amante de mi mujer
Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mario, Fuente: CuentoRelatos
... dirigiéndose a mi: “¿vamos a la habitación?, la cama es un lugar más idóneo para las lecciones particulares”. Nada más entrar en el dormitorio Silvana se acomodó sobre la cama y Artur y yo nos fuimos desvistiendo hasta quedar ambos en calzoncillos, los suyos tipo slip, blancos y ajustados, muy clásicos y reveladores de un relieve erecto prometedor. Vaya empalmada llevaba el muy cabrón; con toda seguridad estas ocasiones no deben resultarle frecuentes y siendo un vicioso de marca, como parece, Silvana debe ser su fantasía erótica. Nos tumbamos en la cama a ambos lados de mi mujer, que quedó así en el centro y de inmediato se incorporó poniéndose de rodillas hacia Artur y empezó a sacarle lentamente los calzoncillos, mientras yo hacía lo propio con los míos. Silvana estaba fascinada mirando, me miraba a mí, a él, yo la miré a ella y lo miré a él y entendí lo del pollón. No podía haber competencia, estaba embobado mirando ese monstruo cuando sentí la boca de mi mujer en el pene y vi su mano acariciándole a él. Así se iba turnando entre un pene y otro, se relamía con ellos, cuando se colocó a cuatro patas sobre la cama y Artur le metió toda su humanidad de un empujón suave pero constante. A mi mujer parecía que se le iban a desorbitar los ojos cuando terminó de encajarlo. Suspiro y comenzó a moverse. Un enfebrecido adulto metió la ...
... polla hasta el fondo de aquella vagina todavía juvenil y empezó a follársela. Yo estaba en la gloria, disfrutando de cada instante, viendo cómo se hacía realidad mi fantasía y por fin veía a Silvana como tantas veces había soñado. La polla de Artur entraba y salía en el coño de mi mujer, poniéndome al borde de la explosión. Rápidamente acerqué mi polla a la boca de mi mujer y se la froté por la cara. Ella me chupó los huevos jadeando; y su amante, aquel cabrón que se estaba follando a mi esposa en mi presencia, la tenía cogida por las caderas con sus manos grandes y huesudas provocándole una serie de estertores cada vez que empujaba hacia su interior. Me masturbé mientras mi mujer me comía los huevos sin poder ayudarse con las manos puesto que tenía ambas ocupadas en apoyarlas sobre la cama para no desplomarse por causa de los gustosos embates que recibía. Silvana se corrió gritando como una loca y poco después Artur sacó el pene de su interior y se acabó con las manos sobre el oferente culo de mi amada quien, ya libre de placenteros empujones, me quitó la polla de las manos para metérsela en la boca justo a tiempo de recibir mi descarga. El espectáculo que me ofrecía su culo manchado por los blancos goterones exhalados por aquella polla viciosa me produjo uno de los momentos más placenteros de mi vida. Quedamos los tres exhaustos.