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Los gemidos de Rita - Parte 1
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Daniela Brito, Fuente: TodoRelatos
Gonzalo había tenido lo que se puede llamar una vida desafortunada. A sus casi cincuenta años, había pasado por años de alcoholismo, un divorcio amargo y la mala fortuna de perder un empleo después de casi dos décadas de servicio. Ahora, en esta etapa de su vida, se veía obligado a trabajar en "cualquier cosa". Fue así como aceptó un empleo en la jardinería de una gran residencia, propiedad de la familia Ordóñez, el polo opuesto a su situación. Mientras Gonzalo vivía solo, en una austera vivienda de apenas dos habitaciones a las orillas de la ciudad, los Ordóñez gozaban de prestigio, dinero y la educación de las mejores instituciones. Pero la vida es curiosa: en sus vueltas y vértices, a veces da a los desdichados las herramientas necesarias para gozar de un éxtasis que muchos afortunados jamás podrían imaginar. Gonzalo, perdido en el anonimato de no ser alguien, poco o nada tenía que perder. Y, por lo mismo, estaba dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su libertad. El trabajo en la jardinería, aunque humilde, le daba algo más que dinero: le ofrecía una libertad que un empleo de oficina jamás le había brindado. Sin la presión constante de un jefe respirándole en la nuca, comenzó a sentir gusto por su nuevo oficio. Con el tiempo, ganó la confianza de sus patrones y del resto del servicio: la cocinera Lupita, una mujer de unos cincuenta y siete años, provinciana y de carácter sencillo, y el chofer Omar, ambos con muchos años de servicio en la casa. La familia ...
... Ordóñez estaba conformada por cinco integrantes: el matrimonio, Gustavo y Geraldine, como cabezas, y sus tres hijos: Joaquín, Rita y Rosalba. Joaquín, el mayor, estudiaba arte en Italia y solo visitaba a la familia durante sus vacaciones de verano e invierno. Rita… no es momento de hablar de Rita por ahora. Y la más pequeña, Rosalba, apenas en la pubertad, solo se preocupaba por jugar y estudiar, siempre distraída e inseparable de su madre. Dos años transcurrieron. Gonzalo, ahora más confiado y seguro en su oficio, ganó tal confianza que sus actividades se diversificaron. Antes pasaba todo el día en los jardines y la bodega, pero ahora incluso cubría las labores del chofer Omar cuando este se ausentaba. Podía moverse por toda la casa, siempre y cuando cumpliera puntualmente con sus tareas. El único que lo conflictuaba era Joaquín, arrogante y despectivo, que pisoteaba su dignidad con un tono de voz abusivo cada vez que requería algo. Pero Gonzalo, siempre cauteloso, se mantenía al margen, limitándose a obedecer sin protestar. Sin embargo, no podemos negar que en cada persona, por más bondadosa, responsable u honesta que sea, siempre existe algo sombrío y pecaminoso, algo complejo y, por decirlo de alguna manera, lúgubre. En sus momentos de soledad, fuera en la bodega, lavando su ropa en el cuarto de servicio o incluso manejando hacia el centro comercial acompañando a la señora Geraldine, Gonzalo no podía evitar imaginarse clavando su rígido miembro en la húmeda ...