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Los gemidos de Rita - Parte 1
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Daniela Brito, Fuente: TodoRelatos
... entrepierna de la señora después de hacer las compras, o en el estrecho coño de la señorita Rita mientras esta se bañaba. Pero eso era imposible. Eran solo fantasías de un pobre diablo que se limitaba a responder con un presuroso "claro que sí" o "enseguida". Estas fantasías, desde un principio, comenzaron a socavar su tranquilidad. Sin siquiera percatarse, los años de servicio condicionado, bajo el yugo de una familia de mayor peso y categoría que él, le causaron una frustración, coraje y rencor hacia sí mismo que crecían día a día. Se consideraba hábil e ingenioso, capaz de realizar las mismas labores que el propio señor Gustavo Ordóñez ejecutaba. Resonaban en su cabeza las palabras de su madre: "Estudia, hijo, quiero que seas alguien en la vida". Ahora solo recibía órdenes y obedecía, obedecía y obedecía. Pero al mismo tiempo, aceptaba su condición al recordar sus años de juventud desperdiciados en el alcohol, maravillándose con absurdas fantasías y deseos vanales. No podía quejarse de su situación, y eso era lo que más le ofendía. Así pasaban los días para Gonzalo, entre reflexiones que siempre lo llevaban a la misma conclusión. Hasta que una mañana inusual lo cambió todo. Era una de esas mañanas húmedas en las que cae una llovizna inesperada y continua. Gonzalo llegó al gran portón de madera de la residencia Ordóñez empapado, pues había olvidado su paraguas. El recorrido desde el transporte público hasta allí era de al menos dos manzanas, y las zonas ...
... residenciales, sumergidas entre empedradas callejuelas, no ofrecían refugio. Se sorprendió cuando, después de llamar por el comunicador, fue la señorita Rita quien salió a su encuentro. A sus diecinueve años, Rita poseía toda la elegancia y sutileza de su madre, pero con una frescura juvenil que la hacía irresistible. Tenía un hermoso trasero blanco, firme y redondo, resultado de años en la selección de voleibol de la secundaria y ahora la preparatoria. Sus piernas eran suculentas, bien torneadas, y cuando usaba faldas que dejaban al descubierto sus muslos o rodillas, se podía adivinar la tersura de su piel, suave como seda. Esa mañana, Rita llevaba unos shorts ajustados y una blusa holgada que se pegaba a su cuerpo por la lluvia. Su sonrisa gentil y sus ojos brillantes hicieron que Gonzalo sintiera un vacío en el bajo vientre, una contracción en el escroto que no pudo disimular. —Buenos días, Gonzalo —dijo ella, abriendo el portón—. Está horrible el clima, ¿verdad? Gonzalo no pudo articular palabra. Solo asintió, sintiendo cómo su verga se endurecía bajo el pantalón mojado. La sonrisa de Rita lo dejó paralizado. Nunca antes había notado cuán perfectos eran sus labios, rosados y ligeramente húmedos por la llovizna. Su cabello negro, lacio y sedoso, caía sobre sus hombros, y unas gotas de agua resbalaban por su cuello hasta perderse bajo la blusa. —Pasa, Gonzalo —dijo ella, apartándose para dejarlo entrar—. Lupe está preparando café. Gonzalo asintió, ...