1. Cumpliendo ordenes qué me envian


    Fecha: 05/11/2026, Categorías: Confesiones Autor: Asharte, Fuente: TodoRelatos

    ... descubierta en cualquier momento, pero esa posibilidad solo aumentaba mi deseo. Al llegar a casa, cerré la puerta detrás de mí y me apoyé contra ella, jadeando. El vibrador aún zumbaba, su insistente demanda de atención finalmente apaciguada. Me quité la ropa, el collar de perro cayendo al suelo con un suave tintineo. Me dejé caer en la cama, mi cuerpo temblando de anticipación. Con una mano, activé el vibrador una última vez, la otra explorando mi cuerpo, buscando la liberación que había estado anhelando todo el día. Mis gemidos llenaron la habitación mientras me llevaba al borde del éxtasis, finalmente alcanzando el clímax que había estado esperando durante horas. Me quedé allí, mi cuerpo saciado y mi mente en paz. El collar de perro yacía en el suelo, un recordatorio de mi sumisión, mientras el vibrador yacía a mi lado, una herramienta de placer y tortura.
    
    **Sábado:**
    
    El sábado, decidí quedarme en casa, explorando más a fondo mi sumisión. Con el collar y el vibrador, me dediqué a satisfacer cada deseo y orden. Pasé el día en un estado de éxtasis constante, cada activación del vibrador llevándome más cerca del borde. La noche llegó, y con ella, la liberación que había estado anhelando todo el día. Me quedé allí, mi cuerpo saciado y mi mente en paz, el ...
    ... collar y el vibrador a mi lado, símbolos de mi entrega y placer. Me masturbé varias veces, sintiendo cómo el collar y el vibrador intensificaban cada sensación. Cada orgasmo era más intenso que el anterior, y me perdí en un mar de placer y sumisión. Por la noche, me permití explorar fantasías más oscuras, imaginando ser descubierta en el trabajo o en el metro, la excitación de ser vulnerable y expuesta.
    
    **Domingo:**
    
    El último domingo, me desperté con el collar aún en su lugar, pero con una sensación de vacío. Sabía que este era el final de mi sumisión ordenada, y una mezcla de tristeza y alivio me invadió. Pasé el día reflexionando sobre la semana, recordando cada momento de sumisión y placer. Al anochecer, finalmente me quité el collar, sintiendo un vacío donde antes había una constante presencia. Lo coloqué en mi mesita de noche, un recordatorio de mi entrega y devoción. Me quedé allí, mirando el collar, sintiendo la ausencia de su peso alrededor de mi cuello. Era una sensación extraña, un vacío que solo podía llenarse con la promesa de futuras sumisiones. En ese momento, supe que, aunque el collar ya no estaba en mi cuello, su espíritu permanecería siempre en mi corazón, una constante fuente de deseo y entrega.
    
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    Espero con ansias sus ordenes besos 
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