1. LA FIESTA DE HALLOWEEN FUE MI CONDENA V – FIN


    Fecha: 21/02/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: EntreLineas, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... soporto y que eres un odioso un malo un patán un bruto un macho aish te odio…
    —Me vas a decir que no quieres estar aquí.
    —¡Claro que no quiero! —dije con berrinche, inflando las mejillas.
    —Tu rico culito no pienso eso.
    Lo decía en un tono burlón que me hacía sentir una tonta.
    —No me mires así… ¡me pongo nerviosa! Este ultimo lo dije en un tono muy sumiso.
    —Tranquila chiquita ya vas a estar gritando de placer, no desesperes… mientras reía.
    —Eres un abusivo… —murmuré bajito, y ya estaba haciendo puchero.
    Él se acercó, rozó mis labios con los suyos, y yo retrocedí con un brinquito.
    —¡No! No me beses…
    —¿No? —me acorraló suavemente contra la pared.
    —Yo… yo… no… —balbuceé, hasta que él me besó de nuevo.
    —Mmmm… —gemí sin querer, y lo empujé con mis manitas débiles—. ¡Te dije que no!
    —Entonces dime “no” mirándome a los ojos.
    —No… —lo dije bajito, pero al mismo tiempo me aferraba a su camisa.
    —¿Ves? No sabes mentir.
    —¡Cállate! —dije dándole un manotazo en el pecho.
    —Dime que no me deseas.
    —Te odio… —susurré escondiendo mi cara en su cuello.
    —Y yo te deseo chiquita.
    Me levantó el rostro y me besó despacio. Yo sollozaba bajito, con rabia y deseo mezclados.
    —No quiero… —jadeé, ya rendida— Mi cuerpo temblaba. Él me acariciaba despacio, con paciencia, mientras yo repetía negaciones que cada vez sonaban más débiles.
    —¡Basta! No puedo… —dije llorosa, y lo golpeé con las manos, pero sin fuerza.
    —Esteban me agarro fuerte mis carnosas nalgotas mientras me besaba el ...
    ... cuello.
    —¡No quierooo! —gemí, mientras mis labios buscaban los suyos.
    Él me besó con más profundidad, y yo sollozaba con rabia y deseo. Su aliento me envolvía, y sentí que me rendía en sus brazos.
    —No quiero… pero no puedo detenerme… —jadeé, con los ojos cerrados.
    —Déjate llevar.
    Y me dejé. Mis negaciones se convirtieron en susurros entrecortados:
    —No… ah… no quiero… sí… no… por favor… —mientras lo abrazaba con desesperación.
    Él me respondía con besos largos, ardientes, palabras firmes al oído:
    —Eres mía… solo mía… aunque protestes.
    
    Las lágrimas rodaban de mis ojos, pero eran lágrimas dulces, mezcla de miedo y placer. Sentía mis reproches disolverse en cada caricia. Mi cuerpo gritaba lo que mi boca negaba. Y entonces, entre gemidos, sollozos y besos, llegó ese instante de rendición total, Esteban como todo un experto termino por desnudarme, Esteban me sostuvo el rostro entre sus manos y apoyó su frente contra la mía. Ese gesto, tan simple, me hizo temblar más que cualquier otra cosa. Sus labios descendieron lentamente por mi cuello, dejando un rastro tibio que encendía mi piel.
    
    Mis manos, que al principio dudaban, comenzaron a buscarlo también. Sentía la firmeza de su espalda bajo mis dedos, el calor de su pecho contra el mío. Cada vez que su boca encontraba la mía, el mundo desaparecía un poco más. Solo existía ese vaivén de respiraciones mezcladas, el latido acelerado compartido.
    
    Me recostó con delicadeza, como si temiera romperme, y su mirada recorrió mi cuerpo ...
«1234...8»