1. Mi mamá, mi primo y yo


    Fecha: 01/08/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Sergihot, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    Sergio apoyó su corpulento cuerpo de metro noventa y siete contra el marco de la puerta del dormitorio de su madre, observando con una mezcla de deseo y determinación cómo Consuelo doblaba con meticulosidad las sábanas sobre su cama matrimonial. A sus cuarenta y siete años, ella conservaba una figura que desafiaba el paso del tiempo: caderas generosas, cintura estrecha y unos pechos que Sergio había fantaseado durante años con dominar.
    
    —Mamá —llamó con voz grave, interrumpiendo la quietud de la tarde de sábado.
    
    Consuelo se volvió, sorprendida por el tono. No tuvo tiempo de reaccionar cuando Sergio cruzó la habitación en dos zancadas, agarrándola por los hombros con una fuerza que la inmovilizó contra el cabecero. Sus ojos oscuros, heredados de su padre ausente, brillaban con una intensidad que ella nunca había visto.
    
    —Sergio, ¿qué haces? —balbuceó, intentando zafarse sin éxito.
    
    —Ya basta de juegos, mamá —susurró él contra su cuello, su aliento cálido haciéndola estremecer—. Te deseo desde que tenía quince años. Cada vez que pasabas frente a mí en ropa interior, cada vez que te inclinabas a recoger algo del suelo... Hoy se acabó la espera.
    
    Consuelo intentó protestar, pero Sergio selló sus labios con un beso brutal, invadiendo su boca con su lengua mientras sus manos grandes descendían por su cuerpo. La empujó sobre la cama con facilidad, su estatura y complexión atlética convirtiéndola en presa fácil. Con movimientos eficientes, desgarró la blusa de su madre, ...
    ... revelando un sujetador de encaje negro que apenas contenía su exuberante pecho.
    
    —Sergio, por favor, esto está mal... soy tu madre —gimió Consuelo, aunque su cuerpo traicioneramente respondía a las caricias expertas de su hijo.
    
    —Exacto —gruñó él, desabrochándose los pantalones—. Eres mía. Siempre lo has sido.
    
    Lo que siguió fue una toma de posesión brutal y metódica. Sergio no pidió permiso; simplemente tomó. Deslizó sus manos por debajo de la falda de Consuelo, arrancándole las bragas con un tirón seco. La penetró sin preámbulos, haciéndola gritar ante la intrusión repentina de su considerable tamaño. Se movió con ritmo salvaje, embistiendo una y otra vez mientras sujetaba las muñecas de su madre sobre su cabeza con una sola mano, demostrando la superioridad física que le conferían sus casi dos metros de estatura.
    
    Consuelo lloraba en silencio, avergonzada por cómo su cuerpo traicioneramente se humedecía, cómo sus caderas comenzaban a moverse al ritmo de su hijo. Sergio la volteó como si fuera una muñeca, tomándola por detrás con una ferocidad que hacía rechinar la cama. Sus manos grandes se cerraron sobre su cuello, no para asfixiar, sino para afirmar su dominio absoluto.
    
    —Dime que eres mi puta —ordenó entre dientes apretados, acelerando el ritmo—. Dilo.
    
    —Soy... soy tu puta —susurró Consuelo, derrotada, sintiendo cómo un orgasmo vergonzoso se construía dentro de ella.
    
    Sergio la hizo correrse tres veces antes de derramar su semilla profundamente dentro de ...
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