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Mi mamá, mi primo y yo
Fecha: 01/08/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Sergihot, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... se corrió, fue con un rugido animal, inyectando su semilla profundamente dentro de Sergio, un acto de posesión que parecía durar una eternidad. Se quedaron así, jadeando, conectados por la humillación compartida y el placer extremo. Pero el espectáculo no había terminado. Sergio se separó lentamente, su cuerpo temblando. Se volvió hacia su madre con una sonrisa perversa, su propia erección aún firme pero ignorada. Se acercó a ella, girándose para presentarle su trasero, ahora brillante con el semen de Andrés que comenzaba a derramarse por sus muslos. —Ahora comes, mamá —ordenó con voz suave pero inflexible—. Límpialo. Con tu lengua. —Sergio, no... por favor —sollozó Consuelo, retrocediendo contra el cabecero. —Lo harás —intervino Andrés, acercándose por el otro lado, su miembro aún semierecto y manchado—. O esto será mucho peor para ti. Sergio agarró la nuca de su madre, guiándola con firmeza hacia su trasero. Consuelo resistió un momento más, pero la presión fue implacable. Su lengua hizo contacto con la piel cálida y húmeda de su hijo, saboreando la salinidad del semen de Andrés. Sergio gimió de placer, arqueándose hacia atrás para ofrecerle mejor acceso. —Más profundo —exigió—. Introduce la lengua. Quiero sentirte dentro, limpiándome. Quiero que sepas exactamente de quién es lo que estás ...
... tragando. Consuelo obedeció, llorando en silencio mientras su lengua penetraba el ano de Sergio, extrayendo el semen de Andrés con movimientos circulares humillantes. El sabor era intenso, salado y amargo, una mezcla de la virilidad de su sobrino y la sumisión de su hijo. Sergio se masturbaba mientras ella lo limpiaba, sus manos grandes moviéndose con urgencia sobre su propia erección. —Eso es, mamá —jadeó—. Traga todo. Traga la corrida de mi primo. Saborea cómo me ha poseído. Esto es lo que somos ahora. Una familia de putas obedientes. Cuando finalmente terminó, Sergio se corrió sobre su propia mano, observando cómo su madre lamía los últimos restos de semen de su cuerpo. Andrés observaba con satisfacción, ya recuperando su erección para lo que sería una segunda ronda. La tarde se extendió en un maratón de degradación compartida. Sergio alternaba entre dominar a su madre y ser dominado por su primo, estableciendo una jerarquía donde Consuelo ocupaba el lugar más bajo: la receptácula final de la lujuria de ambos hombres. Cuando Andrés volvió a correrse, esta vez dentro de la boca de Consuelo mientras Sergio la penetraba por detrás, quedó claro que los límites familiares habían sido destruidos para siempre, reemplazados por un vínculo de sumisión y placer extremo que ninguno de los tres deseaba romper.