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Mi mamá, mi primo y yo
Fecha: 01/08/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Sergihot, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... ella, un acto de marcado territorial que lo dejó jadeando sobre su espalda, sudoroso y satisfecho. Pero no había terminado. Mientras ambos recuperaban el aliento, el timbre de la puerta principal resonó por toda la casa. Sergio sonrió con malicia, levantándose para ajustarse los pantalones. —Espera aquí —ordenó, dejando a su madre despatarrada y despeinada sobre las sábanas arrugadas. Minutos después, Sergio regresó acompañado de Andrés, el sobrino de Consuelo. A sus treinta y dos años, Andrés era un hombre de complexión robusta, ex militar, con tatuajes recorriendo sus brazos y un aire de autoridad natural. Era mayor que Sergio, pero la dinámica entre ellos era clara: Andrés miraba a su primo con respeto y algo más que curiosidad. —Tía Consuelo —saludó Andrés con voz ronca, observando su estado desaliñado sin sorpresa aparente—. Sergio me ha contado sobre... el nuevo arreglo familiar. —¿Qué... qué está pasando? —tartamudeó Consuelo, intentando cubrirse con las sábanas. Sergio se acercó a la cama, agarrando a su madre por el cabello y obligándola a sentarse. —Ahora vas a ver cómo tu hijo recibe lo que se merece —dijo con voz baja, peligrosa—. Andrés va a follarme, mamá. Y tú vas a mirar. Cada segundo. Andrés se desvistió con eficiencia militar, revelando un cuerpo esculpido y una erección impresionante que hizo jadear a Consuelo involuntariamente. Sergio se inclinó sobre el borde de la cama, ofreciendo su trasero atlético mientras se desabrochaba los ...
... pantalones por completo. —Desde que te vi en la ducha el verano pasado, primo —murmuró Andrés, acercándose por detrás—. Sabía que terminarías siendo mío. La penetración fue lenta y deliberada. Sergio gruñó, agarrando con fuerza las sábanas mientras Andrés entraba en él centímetro a centímetro, su tamaño considerable exigiendo sumisión. Consuelo observaba horrorizada y fascinada cómo su sobrino tomaba a su hijo con una posesión que rivalizaba con la que Sergio había ejercido sobre ella momentos antes. —Mira, mamá —jadeó Sergio, volviendo su rostro hacia ella, los ojos nublados por la mezcla de dolor y placer—. Mira cómo tu sobrino me posee. Esto es lo que soy para los hombres de esta familia. Un receptáculo. Una puta. Andrés aumentó el ritmo, sus embestidas haciendo rechinar la cama con fuerza brutal. Cada golpe resonaba en la habitación, acompañado por los gemidos guturales de Sergio y el jadeo rítmico de Andrés. La dominación fue total: Andrés agarró el cabello de Sergio, tirando de su cabeza hacia atrás mientras penetraba más profundo, forzando al joven a arquear la espalda en una posición de total sumisión. —Dime que lo quieres —ordenó Andrés—. Dile a tu madre cuánto necesitas esto. —Lo necesito —gritó Sergio, perdiendo toda compostura—. Fóllame, Andrés. Fóllame como la puta que soy. Lléname. Hazme tuyo. Andrés aceleró el ritmo hasta un frenesí inhumano, sus caderas golpeando contra el trasero de Sergio con sonidos húmedos y obscenos. Cuando finalmente ...