1. Rompeme en pedazos - 3


    Fecha: 13/08/2019, Categorías: Incesto Autor: ViejitoMalo, Fuente: SexoSinTabues

    ¿Quién sabe de verdad qué es lo que está ‘bien’ y lo que está ‘mal’? ¿Tus padres, la escuela, los amigos, tu iglesia, tus legisladores, tu amante, cuando se niega? Rompeme en pedazos – Capítulo 3 Adrián Desperté malhumorado. Mi mano derecha estaba agarrando con fuerza mi pija… Había tenido un sueño tan real con vos, tan real… Me toqué el testículo, pero no, no lo tenía quemado, aunque toda esa zona de la cama alrededor de mi cuerpo era un enchastre de semen... Como siempre, había acabado como un animal. Subí la mano pringosa y me la lamí, imaginando que era tu brutal acabada sobre mi cuerpo y con el recuerdo de lo recién soñado fresco en mi mente, recogí las sábanas y las tiré en el canasto de la ropa sucia, para que más tarde mamá se encargara de ellas. En el largo pasillo que comunicaba los dormitorios de la casa y los baños se escuchaban con claridad unos secos chasquidos seguidos de sordos gemidos, que venían de tu dormitorio. No hacía falta ser una lumbrera para darse cuenta que no sólo te cogías a la vieja, sino que también la fajabas… ¡Y que la muy conchuda lo disfrutaba, carajo!... No terminaba de entender qué le veías a mamá, que aunque tuviera un cuerpazo ya había pasado los cuarenta. Pudiendo cogerte la pendeja que eligieras, le dabas a ésta noche y día. Eran las 6:15… Como cada mañana, puntualmente a las 05:00, se empezaban a escuchar primero los gemidos, después los sonidos guturales, indefectiblemente seguidos de los primeros golpes (¿cinto o látigo?, y a ...
     mamá, murmurando inútiles pedidos de perdón, intercalados con largos “silencios” en los que su boca seguramente se ocupaba de tu verga. Vivía caliente desde la mañana, escuchándolos, y tratando de adivinar qué le estarías haciendo, en base al tono de sus gritos. Imaginaba que cuando sus gritos eran estentóreos, te la estarías garchando por la concha, y que cuando daba alaridos, le estabas rompiendo el culo, mientras yo me moría de envidia, manoseándome la pija. Era el primer polvo de los que le echarías durante todo el día, dependiendo de qué actividad tuvieras vos prevista, la primera de las cuales (la segunda, bah) era siempre correr dos horas por el pueblo, de 7 a 9, por gusto y para mantener ese fantástico estado atlético que me volvía loco de vos, entre otras cosas tuyas. Faltaría poco entonces para que terminaras la “faena”, así que me dirigí al baño, en bolas. Abrí el grifo del agua caliente, esperé unos minutos y me metí, y mientras alzaba mi cabeza imaginando que el chorro tibio de la ducha era tu meada sobre mi cuerpo, pensaba… “Si te enterás, me matás. Si te enterás que en materia de sexo me gusta de todo, pero que más me tira que me la pongan (alguien como vos), me matás. Si te enterás que tengo fantasías homosexuales y sadomasoquistas con vos, me matás. Si te digo que sueño con tus manos recorriendo mi cuerpo, con fuertes, toscas y demandantes caricias, hasta que con ellas llegás a mi cara para apretarla con fuerza, y “obligarme” a que acerque mi boca a la tuya y ...
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