1. Gárgolas


    Fecha: 27/07/2018, Categorías: BDSM Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    ... a masturbar. Yo quería tocarlo, lamer su cuerpo, pero eso no estaba incluido en el servicio. Era un poco menor que yo y tenía bonito físico pero unos ojos apagados, que igualmente me parecían atractivos. Como no lograba eyacular, empezó a respirar agitado en mi oído y besarme el cuello. Sentía mucho placer, pero no lograba acabar. En un momento nuestros labios estuvieron tan cerca que nos empezamos a besar. Él se subió a la camilla y me abrazó mientras hundía su nariz en mi nuca. Unos mensajes por Whatsapp fueron los que interrumpieron la escena. Se incorporó a contestarlos y con eso ya se daba por terminado nuestro encuentro. Volví a recordar su beso de despedida cuando me di cuenta que había caminado hasta el Parque Forestal, cerca del sector de Bellas Artes. Me senté en uno de los bancos donde las señoras del barrio descansan por las tardes con sus perros enanos y las jóvenes parejas hacen una pausa con sus hijos que comen cabritas o algodones de azúcar. Estaba frente al museo, al lado de una escultura gigante con diversos seres alados. A mi lado se sentó un ser alto, de canas y de severa expresión. Me preguntó en qué andaba. Le dije que simplemente caminaba. “Yo quiero que puro me chupen la corneta”, dijo de pronto. “Yo feliz, pero aquí no se puede”, le respondí. Propuso pasar por su casa que quedaba a la vuelta. Terminé aceptando. Era un inmueble antiguo y espacioso que quedaba al frente del cerro Santa Lucía. Llegamos a su pieza, se sacó la ropa y se acostó en su cama, ...
    ... a la vez que buscaba una caja de cigarrillos en la cómoda. Me miraba fumando mientras yo pasaba mi lengua por todo su envejecido cuerpo. “¿Le gusta hijo mío?”, expresó de pronto. “Sí, me encanta”, le dije. “¿Le gusta la pichula del papito?” “Sí” “¿Sí qué?, señaló cortante. “Sí, papá”, dije complaciente. “Muy bien mi niño lindo, ¿quién manda en la casa?” “Usted, papito” “¿Está rico o no? Por ahí fue que lo engendré con su mamita”. “Yo soy suyo, tóqueme”, le decía mientras me abría de piernas y le mostraba el ano. “Te quiero, hijo mío”, me decía pegándome fuerte en las nalgas. Seguí chupándoselo por un rato más hasta que su pene empezó a convertirse en una masa amorfa, cada vez más insignificante. Se había quedado dormido. Me quedé ahí un poco más, pero luego preferí vestirme. Pensé en robarle algo de su pieza, en compensación, pero sólo vi cuadros de caballos, cruces, libros cristianos y fotografías antiguas. Lo desperté para que me fuera a dejar abajo. Nos despedimos de la mano. Llegué hasta Miraflores con Moneda, donde un tipo venía atravesando la calle. Yo no me atreví porque sabía que los vehículos descienden de imprevisto por aquella curva. Pasó por mi lado y me tocó la entrepierna, diciéndome fugazmente que tenía que cruzar no más. Me di vuelta y lo observé. Joven, pelo negro peinado hacia arriba, buen cuerpo. Follable. Me preguntó con voz de ebrio si tenía un cigarro, pero le dije que no fumaba eso. Le ofrecí pitos y pareció especialmente emocionado. Fuimos a una parte ...