-
Desafío de galaxias (capítulo 54)
Fecha: 28/12/2018, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos
Con mucho esfuerzo, las tropas federales habían conseguido el control total del Grupo de Sistemas Taaramok, y las patrullas de avanzada ya operaban en los limites del antiguo espacio del Consorcio Bellek. El enemigo seguía sacando naves y tropas del dispositivo en torno a Signa Trumzely, y Marisol aprovechó para trasladar dos ejércitos, desde allí, hasta Taaramok, para reforzar las fuerzas de Esteban y Opx. En el Sector 26, Pulqueria y Oriyan seguían reforzando las fuerzas, tanto en Dreylhan como en Nar, ante la inminente ofensiva contra el sistema Cayely. Solo esperaban la orden de ataque. Marisol había regresado a Mandoria, quería estar con Anahis cuándo la quitaran las escayolas de los brazos. Las hembras bulban y los niños, había sido alojados en unas dependencias independientes del Palacio Real. Marión se ocupó personalmente de su bienestar, y a diario, apoyada en su bastón, los visitaba para cerciorarse de que todos estaba bien. Como se les había implantado el chip de traducción a todos, de inmediato comenzaron las clases para enseñarles a leer y escribir, y se dio cuenta de que no había diferencia con los humanos: los niños, son niños en todas partes. Incluso Marisol pasaba a verlos, y estos se habían acostumbrado y ya no se asustaban cuándo la veían. Con Iris mantenía largas conversaciones, independientemente de la Inteligencia Militar que también lo hacia. Marisol quería saber todo lo posible sobre la organización de la sociedad bulban, y lo que descubría, no le ...
... gustaba. Mientras sudorosos se recuperaban después de hacer el amor, con los dedos, Hirell recorría la larga cicatriz que atravesaba el muslo de Marión. —No me hagas eso, que me da repelús, —se quejó Marión. —Lo siento cariño, pero se me pone mal cuerpo cuándo pienso en que he podido perderte. —No me has contado lo que pasó en el Fénix cuándo os enterasteis del ataque. —Hay poco que contar, los dos estábamos aterrados pero mantuvimos el tipo como pudimos. —¿Y Marisol? —Desde ese día la admiro más, si eso fuera posible. Yo la conozco y sé que estaba muy jodida, pero mantuvo la entereza de una manera admirable. Yo estaba a punto de echarme a llorar, mientras ella mantenía el tipo y daba ordenes para descubrir que había pasado. —Cuándo está jodida se refugia en el trabajo: eso la ayuda. —Ya lo sé, pero aun así es admirable, —Hirell la abrazó mientras la olfateaba como un sabueso— ¡cómo me gusta como hueles! —Pues a sudor. —Me encanta tu sudor… y hasta los pedos que te tiras. —¡No seas guarro! —dijo soltando una carcajada. —¿No te parece raro que Marisol vaya a recibir a un grupo de representantes políticos? —preguntó Hirell cambiando de tema. —Si, pero es un compromiso. La gestión la ha hecho uno de los representantes de Nueva España y no ha podido negarse, pero habrá que estar atentos, sé que la gestión se ha hecho a espaldas del canciller. —¡Joder! Pues entonces… —Si, es muy posible que se líe una buena. —Pondré gente de confianza en la seguridad, por si acaso. —Y yo estaré cerca ...