1. Desafío de galaxias (capítulo 54)


    Fecha: 28/12/2018, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos

    ... después de retirar las antiguas—. General Hirell de Ursalia, enhorabuena. Dos días después, mientras le quitaban la escayola de la pierna a Anahis, se produjo otro ataque corsario, está vez contra una explotación minera dependiente de Nueva Faralia, una zona que todavía no tenía presencia del FDI. Inteligencia, estudiando los datos visuales de los ataques, así como de telemetría, había llegado a la conclusión de que al menos veinticuatro naves corsarias operaban a través de la red de corredores de Evangelium. Bertil, ante la imposibilidad de cubrir con naves los miles de entradas al sistema, estaba instalando satélites de vigilancia en todas las entradas, mientras que agrupaba las naves en puntos estratégicos para poder actuar rápidamente cuándo se detectaran los ataques. Según las estimaciones que manejaba Bertil, se tardaría unos tres meses en completar todo el dispositivo; mientras tanto, las patrullas trabajaban sin descanso. —Que ganas tenía ya de que te quitaran la puta escayola, —dijo Marisol besuqueando a Anahis—. Cada vez que te metía mano me daba un golpe con ella. —Pero no porque me metieras mano, —Anahis se echó a reír mientras la rodeaba con brazos y cola— bueno si, pero es que te pones muy burra y no controlas. —¿Y como quieres que me ponga con lo buena que estás? —¡Qué exagerada! Seguro que las hay mucho más guapas. —A mí no me lo parece, además, a ti ...
    ... te quiero y a las otras no, —Marisol seguía morreándola. —¡Ya, pero…! —Mi amor, intento besarte y no puedo si sigues con la conversación, —Marisol la miró frunciendo el ceño. —¡Bueno, vale, ya me callo! —con la cola la acaricio el trasero. —Gracias mi amor, —siguió morreándola. —Si lo hubieras dicho antes… —dijo Anahis para hacerla de rabiar. —Cuándo quieras, me lo dices, —Marisol se echó a un lado y se tumbó bocarriba. Rápidamente, Anahis la pasó una pierna por encima. —¿Te has enfadado? —preguntó mientras con la punta de la cola la acariciaba. —¿Cómo me voy a enfadar contigo? —Contrae el abdominal, —dijo, y con la mano acaricio sus marcados abdominales—. Me encanta, ¡joder! Como me gustaría tenerlos yo también. —Los mandorianos los tenéis internos, por eso no los marcáis. —Ya lo sé, pero me gustaría tenerlos. ¡En fin! Me conformaré con el tuyo. —¿Y si engordo y me pongo como una vaca? —Bueno, también puedo engordar yo, e ir rodando las dos juntas hasta el Centro de Mando, —las dos se echaron a reír. —Prométeme que eso nunca va a ocurrir. —Si me lo prometes tú a mí. —¡Vale!, lo prometo. —Y yo, —y después de besarla, añadió—: No quiero que te enrolles durante el viaje, en cuatro días que quiero de vuelta. —No te preocupes, voy y vuelvo. —Te voy a estar esperando. —¿Aquí en la cama? —¡Aquí en la cama! —Entonces, seguro que regreso antes, —y girándose volvió a besarla. 
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