1. Desafío de galaxias (capítulo 54)


    Fecha: 28/12/2018, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos

    ... para protegerlos, —dijo Marión riendo. A media mañana, Marisol entró en el Centro de Mando empujando la silla de ruedas donde viajaba Anahis. Su pierna escayolada sobresalía hacia delante como el espolón del mascaron de proa de una nave griega. Hacia seis días que la habían retirado las escayolas de los brazos y ya no estaba tan irritable. Todos se acercaron a saludarla y darla un par de besos: una costumbre muy española que se había generalizado en el Cuartel General. En medio de la celebración, Sara, su asistente, informó a Marisol de que los representantes políticos ya habían llegado y la esperaban en su despacho. Marisol se encaminó a él, seguida por Marión que se apoyaba en su bastón. —¿Vienes conmigo? —preguntó extrañada. —Por supuesto, no quiero que diezmes el parlamento. —¡No seas boba, que no va a pasar nada! Seguro que será para una chorrada. —No me fío de ellos, y mucho menos de ti. Las dos entraron en el despacho seguidas por Sarita que cerró la puerta. Unos minutos después, se empezaron a oír voces y gritos, y los dos guardias de seguridad entraban rápidamente en el despacho seguidos por Hirell. —¡Fuera de aquí todos! —gritaba Marión a los políticos amenazándolos con el bastón, mientras Sarita, abrazándola con fuerza, intentaba alejar a Marisol que estaba fuera de si pronunciando terribles insultos. Con la llegada de los dos guardias, les ordenó—. ¡Rápido, sacadlos de aquí a patadas! Los guardias y varios oficiales que también había llegado, sacaron a empujones a ...
    ... los representantes parlamentarios, mientras Marisol seguía insultándolos. —¡No me lo puedo creer! —exclamó por fin cuándo se empezó a tranquilizar y su asistente la liberaba del abrazo—. ¿Cómo pueden ser tan hijos de puta? —¿Pero que querían? —preguntó Hirell. —Que encabece una candidatura para derrotar al presidente Fiakro en las próximas elecciones. —¡No jodas! —Si, pero hasta ahí, está, ha mantenido la calma, —dijo Marión señalando con el dedo a Marisol que, sentada tras la mesa, mantenía la cabeza entre las manos— pero cuándo se ha cabreado de verdad es cuándo la han ofrecido dinero, una pasta gansa, y a mí, un puesto en el Parlamento Federal. Según ellos, hace falta una mano firme en la presidencia, que no se deje avasallar por los “mediocres” o los recién llegados. Anahis llegó con un suboficial que empujaba su silla de ruedas, se acercó a ella y la acarició la espalda mientras la ayudaba a calmarse con palabras suaves. —¿Y como se les ha ocurrido una cosa así? —preguntó—. Cualquiera que conozca a Marisol sabe que eso es imposible. —También saben que solo ella puede derrotar al presidente, —respondió Hirell. —Últimamente están pasando cosas muy raras, —Marisol abrió un cajón de su mesa y sacó una carpeta que entregó a Marión. —¡No me jodas! ¿puede hacerlo? —preguntó Marión una vez lo hubo leído. —Si, puede hacerlo, —respondió Marisol—. Los reclutas dependen de los centros de adiestramiento que a su vez dependen directamente de las cancillerías. Mientras esos centros no ...